... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

2 de noviembre de 2011

Reseña. Wallada, la última luna. Matilde Cabello.

   Frente al Alcázar de los Reyes Cristianos, en Córdoba, en un pequeño parque, encontramos un humilde monumento. Se trata de una pequeña escultura con dos manos cuyos dedos apenas se tocan. Es el monumento a los enamorados, y está dedicado al poeta Ibn Zaydun y a la princesa Wallada. Una historia de amor con infidelidades y celos, momentos de ira y de pasión entrelazados. Pero lo más importante para nosotros, mil años después, es que ambos eran poetas y nos dejaron un relato en verso de sus romances y desamores.

¡Me has hecho sentir una cosa tal, que si la hubiera sentido el sol, no aparecería más; si lo hubiera sentido la luna, ésta no se elevaría; si la estrella, no viajaría ninguna noche…

                                   IBN HAZM. El collar de la paloma.


   Éste es uno de los numerosos poemas arábigo-andaluces que podemos encontrar en este libro. Describe la vida amorosa de Wallada, hija de Muhammad III al-Mustakfi, penúltimo califa Omeya que murió asesinado.
Wallada ha pasado a la historia como la amante secreta del poeta Ibn Zaydun. Matilde Cabello la reivindica a ella como poeta y como mujer libre, culta y valiente, que a la muerte de su padre vendió sus derechos reales porque, según nos dice en primera persona, “no quise de él más herencia que aquella que me permitiera reservar mi cuerpo de caricias no apetecidas … “, “…quise ser yo quien eligiera las manos que habrían de posarse en mi cintura, quise adueñarme de mi libertad, porque ella era el único don que, por mi condición de mujer, me había sido negado.”, y cuya casa acogió el primer salón literario regido por una mujer en la Córdoba califal.

   Wallada vivió la caída del califato Omeya. Murió el 26 de marzo de 1091, el mismo día del ataque almorávide a Córdoba. En los días próximos a su muerte, nos relata su historia de amor y desamor con el poeta Ibn Zaydun, y con su esclava Muhía. Con una hermosísima prosa, hace de su lectura tranquila, a pequeños sorbos, saboreando la belleza de sus palabras y frases, un verdadero lujo. Baste como ejemplo el siguiente párrafo, extraído del libro, y en el que vemos de qué forma tan hermosa y sutil describe su excitación:

“Cuando sus dedos rozaron mi cintura captaron sus sentidos el relámpago tibio que se extendió bajo la piel y, percatándose igualmente del temor ante aquellas sensaciones nuevas, puso sonrisas y juegos entre ambos, retrasando el encuentro largamente y de tal modo, que cuando desnudó mis pechos bajo la luna, había avivado ya las gotas de rocío en lo íntimo de mi vientre.”




2 comentarios:

  1. Absolutamente de acuerdo contigo, Manolo. La lectura es una delicia y, sin embargo, destila una profundidad y un dolor... Está bien escrito. Una obra magnífica que debería figurar entre las mejores publicaciones sobre el mundo andalusí, si Matilde Cabello hubiera sido descubierta por un buen crítico, una agente literaria o una editorial de altos vuelos. En Córdoba sí la conocemos y la valoramos, como periodista y como escritora. JMC

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  2. Yo la conocí por un comentario en una emisora de radio, y el libro me resultó fascinante. Casualidades que nos brinda la vida, mi hijo estudia ahora en la facultad de filosofía y letras de Córdoba, junto con ella. Un brindis al azar.

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