... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

18 de junio de 2011

Reseña. La Colmena. Camilo José Cela.

La primera vez que leí "La Colmena" era muy joven  y me resultó un libro difícil. Tuve la suerte de releerla recientemente, y cambió por completo la idea que tenía de ella. Con más de trescientos personajes, sin otro hilo argumental que sus vidas cotidianas en el Madrid de los primeros años de la década de los 40, constituye un retrato fiel de la miseria de esa época, sobre todo miseria moral, en la sociedad del nacional-catolicismo. Se publicó en Buenos Aires en 1951 por no superar la censura en España, donde pudo llegar en los años del tardofranquismo. Para leer esta novela, como si de un cuadro expresionista se tratara, hay que dar un paso atrás para tener una visión de conjunto.

Altamente recomendable para aquellos que dicen añorar tiempos que no vivieron ni conocen cómo los vivieron aquellos a los que la historia tuvo a mal situar en esos años. Transcribo un párrafo a continuación:

"Hay algunas chicas muy simpáticas, las de tres duros; no son muy guapas, ésa es la verdad, pero son muy buenas y amables, y tienen un hijo en los agustinos o en los jesuítas, un hijo por el que hacen unos esfuerzos sin límite para que no salga un hijo de puta, un hijo al que van a ver, de vez en cuando, algún domingo por la tarde, con un velito a la cabeza y sin pintar. Las otras, las de postín, son insoportables con sus pretensiones y con su empaque de duquesas; son guapas, bien es cierto, pero también son atravesadas y despóticas, y no tienen ningún hijo en ningún lado. Las putas de lujo abortan, y si no pueden, ahogan a la criatura en cuanto nace, tapándole la cabeza con una almohada y sentándose encima."

6 de junio de 2011

Reseña. La puerta de la Luna. Ana María Matute.

"Son los pueblos, las aldeas, los que reciben a los cuentos. Por la noche, suavemente, y en invierno. Son como el viento que se filtra, gimiendo, por las rendijas de las puertas. Que se cuela, hasta los huesos, con un estremecimiento sutil y hondo. Hay, incluso, ciertos cuentos que casi obligan a abrigarse más, a arrebujarse junto al fuego, con las manos escondidas y los ojos cerrados.
Los pueblos, digo, los reciben de noche. Desde hace miles de años que llegan a través de las montañas, y duermen en las casas, en los rincones del granero, en el fuego. De paso, como peregrinos. Por eso son los viejos, desvelados y nostálgicos, quienes los cuentan. "

   Ana Maria Matute tiene un estilo narrativo que no ha podido ser encajado dentro de ninguna corriente literaria, es un estilo propio, autónomo. Es en los cuentos donde narra con ese lenguaje infantil historias la mayoria de las veces crueles, como la vida, no dirigidas a los niños, a pesar de hablar de trasgos, duendes, príncipes y princesas. "La puerta de la Luna" es una recopilación de sus cuentos. Y para ella, los cuentos son magicos:

"El cuento es astuto. Se filtra en el vino, en las lenguas de las viejas, en las historias de los santos. Se vuelve melodía torpe, en la garganta de un caminante que bebe en la taberna y toca la bandurria. Se esconde en las calumnias, en los cruces de los caminos, en los cementerios, en la oscuridad de los pajares. El cuento se va, pero deja sus huellas. Y aun las arrastra por el camino, como van ladrando los perros tras los carros, carretera adelante. El cuento llega y se marcha por la noche, llevándose debajo de las alas la rara zozobra de los niños. A escondidas, pegándose al frio y a las cunetas, va huyendo. A veces pícaro, o inocente, o cruel. O alegre, o triste. Siempre, robando una nostalgia, con su viejo corazon de vagabundo."

Sin duda, el mayor cuento de Matute es su obra "Olvidado Rey Gudú", un cuento enorme y, valga la redundancia, inolvidable, que merece la pena leer con la mente de un adulto pero con el alma de un niño. No obstante, de esta recopilación quiero destacar algún párrafo:

"Por los cementerios de flores y de mariposas, en espera de la primavera; por los cementerios luminosos de las luciérnagas y los escondidos jardines de girasoles; por los valles subterráneos donde duermen los niños que no han muerto, tendidos, con los ojos abiertos y las manos llenas de arena de oro. Entre raices mojadas por el agua relampagueante de las tempestades, por los grandes viveros de estrellas caídas, junto al rocío sin estrenar, y los resplandecientes huesos de los ciervos malheridos que van a morir a las guaridas de los gnomos; allí, donde se abría paso el gran río desconocido de los hombres, aquel rio de aguas tomadas del sol, alli en el rojo lecho de aquel río que tenía orillas de menta y madreselva, y culebras de cristal, mirlos negros que brillaban como diamantes y gritaban que no les abandonara. Allí, donde nadie sabe ."