... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

28 de noviembre de 2011

Reseña. Cuentos del Astronauta Zurdo. Emilio Calvo de Mora.




Que un hombre escriba un cuento y compruebe que éste se desarrolla contra sus intenciones; que los personajes no obren como él quería; que ocurran hechos no previstos por él y que se acerque a una catástrofe, que él trate, en vano, de eludir.
Este cuento podría prefigurar su propio destino y uno de los personajes sería él”.

Cuentos breves y extraordinarios.
Jorge Luis Borges&Adolfo Bioy Casares.




Nuevo libro que llega a mis manos, ávidas de papel impreso, gracias a las inquietudes literarias de mi hijo, y de nuevo recibido por él dedicado por el propio autor. Un lujazo, que se diría ahora.

Exquisito conjunto de breves relatos con el que don Emilio nos deleita (no le apeo el “don”, no por escritor, profesión como todo el mundo conoce bastante denodada y a todas luces efímera, propia de gentes faranduleras, bohemias y de dudoso vivir en su mayoría, y propensa a causar soledades, hambres y necesidades materiales diversas, sino por maestro de escuela, trabajo éste mucho más arduo y peor valorado). Desde mi punto de vista, siempre propicio a buscar fantasmas entre los vivos, los haya o no, por sus páginas se me antoja que a ratos asoman Borges, Becquer, Unamuno, Cela, Sabina, y quizá alguno más que no haya tenido la delicadeza de mostrárseme durante su lectura, o yo  no haya tenido todavía el placer de conocer.

Me parece escuchar suaves, lejanas, las primeras notas de “Platero y yo” cuando Emilio describe a Nibelungo, su perro aficionado a Wagner que al final se fuga con otro llamado, cómo no, Traviato. Precioso y surrealista me resulta el cuento “Curso de Lingüística General”: “Por puro amor al peligro, probé dejar caer ocho palabras polisílabas sobre un espejo. …La palabra fantasmagórico cayó boca abajo y se la vio sangrar por una sílaba muy débil que tenía.”La Casa” es un relato que describe magistralmente, en apenas una página, la triste felicidad de la indolencia en las parejas bien avenidas: “Consuela saber que si hablo en sueños, ella oirá lo que digo”. El cuento titulado “Bel Canto” me recuerda la forma de escribir de Camilo José Cela, y el de “Zapatillas de Paño” me evoca un personaje de Saramago.

En un cuento de dragones sin dragones la princesa pidió al rey que un apuesto príncipe la salvase.” Así comienza “A través del espejo”, uno de los que más me ha gustado, y donde de nuevo se me antoja Unamuno al aparecer el autor interactuando con los personajes a modo de demiurgo, como bien indica Emilio. Brevísimo y no por ello menos hermoso el titulado “Sobre un copón del siglo XVII”. Por último, mencionaré “La resaca de las letras”, donde estimo aparece someramente un pasaje auto descriptivo, aunque a mi juicio excesivamente modesto, del propio autor: “La novela que dejó a medio concluir cuando advirtió la pandora canalla de la literatura –o lo que él imaginaba que era- se la dio a su mejor amigo, un tipo de buena prosa, pero escaso en ideas. Uno de esos sorprendentes dueños de una capacidad incuestionable para el cuento, y si breve, mejor, pero inútil para construir el armazón catedralicio de una novela.”

Son todos relatos breves, pero exquisitamente escritos, en los que se advierte de forma indudable que cada palabra, cada signo de puntuación, está pensado y puesto en su justo lugar con esfuerzo y, sobre todo, amor por la buena literatura. También se desprende una vasta cultura literaria y una melomanía evidente, cosas de las que yo carezco y que a veces me hacen preguntarme con qué autoridad comento libros escritos por otros. Enseguida me auto complazco pensando que lo hago únicamente por entretenimiento y por el placer de escribir, y que afortunadamente estas líneas no van más allá de unos contadísimos lectores, bien amigos o familiares.  Reconozco que la cultura es lo único que me causa envidia de otras personas, y que cuanto más leo, cuanto más estudio, más desamparado me siento, y más ardua se me hace la tarea del conocimiento. Pero terminado un libro, ya ando pensando si leer alguno que tenga pendiente o retomar otro ya leído para volverlo a disfrutar, y ahí me veo recorriendo las estanterías de mi pequeña librería, dudando. Es que esto no tiene remedio.


3 de noviembre de 2011

Campaña ecléptoral.

 


   Esta noche, a las doce, comienza la campaña electoral, para desgracia de millones de españolitos que además de aguantar con la que está cayendo, tendremos durante quince días que soportar a señores que habitualmente visten de traje en mangas de camisa repartiendo sonrisas, parabienes y besos a los niños, a la par que sueltan promesas imposibles para las almas ingenuas y hostias sin consagrar para el enemigo político.

   En la sede del Partido Popular ya han comprado y puesto a enfriar el cava, para brindar la noche del 20 de noviembre. Cava catalán, por si acaso no obtuvieran la mayoría absoluta. Esa noche, entre rosario y rosario por los difuntos ausentes, brindarán desde el balcón de la calle Génova por el futuro de España, si es que lo tiene.

   En la Conferencia Episcopal han comprado para la ocasión champán francés, del caro. Y es que tienen seguro la mayoría absoluta, puesto que su jefe no tiene rival. Tan es así que como es poseedor de la verdad absoluta no necesita convocar elecciones. Todo el que no piense igual que Él está equivocado (y no me estoy refiriendo a un señor con bigote, melena y muchos músculos llamado Anzar por sus amigos más íntimos).



Miserere mei, Deus.

2 de noviembre de 2011

Reseña. Wallada, la última luna. Matilde Cabello.

   Frente al Alcázar de los Reyes Cristianos, en Córdoba, en un pequeño parque, encontramos un humilde monumento. Se trata de una pequeña escultura con dos manos cuyos dedos apenas se tocan. Es el monumento a los enamorados, y está dedicado al poeta Ibn Zaydun y a la princesa Wallada. Una historia de amor con infidelidades y celos, momentos de ira y de pasión entrelazados. Pero lo más importante para nosotros, mil años después, es que ambos eran poetas y nos dejaron un relato en verso de sus romances y desamores.

¡Me has hecho sentir una cosa tal, que si la hubiera sentido el sol, no aparecería más; si lo hubiera sentido la luna, ésta no se elevaría; si la estrella, no viajaría ninguna noche…

                                   IBN HAZM. El collar de la paloma.


   Éste es uno de los numerosos poemas arábigo-andaluces que podemos encontrar en este libro. Describe la vida amorosa de Wallada, hija de Muhammad III al-Mustakfi, penúltimo califa Omeya que murió asesinado.
Wallada ha pasado a la historia como la amante secreta del poeta Ibn Zaydun. Matilde Cabello la reivindica a ella como poeta y como mujer libre, culta y valiente, que a la muerte de su padre vendió sus derechos reales porque, según nos dice en primera persona, “no quise de él más herencia que aquella que me permitiera reservar mi cuerpo de caricias no apetecidas … “, “…quise ser yo quien eligiera las manos que habrían de posarse en mi cintura, quise adueñarme de mi libertad, porque ella era el único don que, por mi condición de mujer, me había sido negado.”, y cuya casa acogió el primer salón literario regido por una mujer en la Córdoba califal.

   Wallada vivió la caída del califato Omeya. Murió el 26 de marzo de 1091, el mismo día del ataque almorávide a Córdoba. En los días próximos a su muerte, nos relata su historia de amor y desamor con el poeta Ibn Zaydun, y con su esclava Muhía. Con una hermosísima prosa, hace de su lectura tranquila, a pequeños sorbos, saboreando la belleza de sus palabras y frases, un verdadero lujo. Baste como ejemplo el siguiente párrafo, extraído del libro, y en el que vemos de qué forma tan hermosa y sutil describe su excitación:

“Cuando sus dedos rozaron mi cintura captaron sus sentidos el relámpago tibio que se extendió bajo la piel y, percatándose igualmente del temor ante aquellas sensaciones nuevas, puso sonrisas y juegos entre ambos, retrasando el encuentro largamente y de tal modo, que cuando desnudó mis pechos bajo la luna, había avivado ya las gotas de rocío en lo íntimo de mi vientre.”