... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

27 de diciembre de 2012

Rulfo. El escritor desprolífico.


     "Las nubes de la noche durmieron sobre el pueblo buscando el calor de la gente. Ahora está por salir el sol y la niebla se levanta despacio, enrollando su sábana, dejando hebras blancas encima de los tejados. Un vapor gris, apenas visible, sube de los árboles y de la tierra mojada atraído por las nubes; pero se desvanece enseguida. Y detrás de él aparece el  humo negro de las cocinas, oloroso a encino quemado, cubriendo el cielo de cenizas."





     A menudo un escritor no es más que un hábil contador de historias, un narrador capaz de crear argumentos y personajes, fantásticos o reales, con el objeto de transmitir aquello que quiere decir, lo que su alma desea gritar y no sabe hacer de otra manera.  Se me antoja que escribir debe ser tarea ardua, dolorosa incluso, extenuante. Pero en ocasiones el escritor, transfigurado en una especie de dios, crea mundos, universos propios y determinados. Es entonces cuando se produce un choque entre la obra y el lector, un enfrentamiento que expulsa a este último de su actitud pasiva y le obliga, al percibir las diferencias y similitudes entre el universo creado y el real, a dirigir una mirada crítica y analítica hacia su propia realidad. Es en estas ocasiones cuando la lectura más enriquece, cuando se hace más preciada y necesaria, cuando se justifica la literatura como imprescindible. 

     La producción literaria de Rulfo, prácticamente, se limita a dos pequeños libros: El Llano en Llamas (1953) y Pedro Páramo (1955). Toda la obra de un hombre condensada apenas en doscientas páginas. De Pedro Páramo escribiría Gabriel García Márquez, rememorando el día que lo leyó: "Nunca, desde la noche tremenda en que leí la Metamorfosis de Kafka en una lúgubre pensión de estudiantes en Bogotá -casi diez años atrás- había sufrido una conmoción semejante". De ambos libros, yo personalmente recomiendo leer en primer lugar El Llano en Llamas. Se trata de una colección de 17 pequeños cuentos en los que se va configurando ese universo particular del escritor, quizá uno de los primeros y más característicos del llamado realismo mágico:

     "Hay pueblos que saben a desdicha. Se les conoce con sorber un poco de su aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo. Este es uno de esos pueblos, Susana."

     "Y es que allá el tiempo es muy largo. Nadie lleva las cuentas de las horas ni a nadie le preocupa cómo van amontonándose los años. Los días comienzan y se acaban. Luego viene la noche. Solamente el día y la noche hasta el día de la muerte, que para ellos es una esperanza."


     La realidad es únicamente un punto de partida, que poco a poco se irá desvaneciendo hasta hacerse innecesaria. El crimen, la violación, el incesto, el hambre, la muerte..., forman parte de un mundo, de una situación desesperada y sin salida en la que los personajes se ven envueltos inevitable e irremediablemente. Personajes que no siempre están vivos, a los que oímos cuando no hablan: "Porque las palabras que había oído hasta entonces, hasta entonces no lo supe, no tenían ningún sonido, no sonaban; se sentían, pero sin sonido, como las que se oyen durante los sueños".

     La prosa de Juan Rulfo es sencilla, a veces casi coloquial, pero no por ello está exenta de belleza y de sensualidad, tanto como de fuerza: 

     "¡Señor,  tú no existes! Te pedí tu protección para él. Que me lo cuidaras. Esto te pedí. Pero tú te ocupas nada más de las almas. Y lo que yo quiero de él es su cuerpo. Desnudo y caliente de amor; hirviendo de deseos; estrujando el temblor de mis senos y de mis brazos. Mi cuerpo transparente suspendido del suyo. Mi cuerpo liviano sostenido y suelto a sus fuerzas. ¿Qué haré ahora con mis labios sin su boca para llenarlos? ¿Que haré de mis doloridos labios?"


     Con Pedro Páramo el nexo narrativo se separa de la realidad, sorprendiendo al lector. Los personajes pasan a ser secundarios, el argumento se convierte en intrascendente, prescindible incluso, y en él únicamente toma valor el ambiente creado, los pies descalzos sobre la dura tierra destazada por el sol, el viento que destroza las mentes y permite oir el grito del silencio cuando cesa, las palabras de vivos o muertos que perviven untadas en las paredes de viejas casas de techos destartalados. El sueño y la locura. Comala:

     "Todas las madrugadas el pueblo tiembla con el paso de las carretas. Llegan de todas partes, copeteadas de salitre, de mazorcas, de  yerba de pará. Rechinan sus ruedas haciendo vibrar las ventanas, despertando a la gente. Es la misma hora en que se abren los hornos y huele a pan recién horneado. Y de pronto puede tronar el cielo. Caer la lluvia. Puede venir la primavera. Allá te acostumbrarás a los "derrepentes", mi hijo."

     Con esta descripción de la ciudad, de un tiempo que ya no existe, que quizá nunca existió, la madre de Juan Preciado lo envía a Comala a buscar a su padre, Pedro Páramo. Pero Comala es una ciudad muerta, yerma, estéril, donde sólo vagan los muertos y en la que no paran ni el viento ni la lluvia, donde no pasa nada. Quizá génesis de Macondo, la Comala que encuentra el lector es una ciudad en ruinas, abandonada por decisión de un cacique, Pedro Páramo, cuyo poder alcanza incluso a la destrucción de los pueblos. Habitada por fantasmas y sueños, muertos a quienes se les negó el perdón al morir que penan por el recuerdo y por la memoria de nadie, Comala es puro calor sin aire: "Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija."


     Y entre tanto, la desolación:

   

     "Este mundo, que lo aprieta a uno por todos lados, que va vaciando puños de nuestro polvo aquí y allá, deshaciéndonos en pedazos como si rociara la tierra con nuestra sangre. ¿Qué hemos hecho? ¿Por qué se nos ha podrido el alma?"





      Y entre tanto, la magia:

     "El primero fue el que me hizo soñar que había tenido un hijo. Y mientras viví, nunca dejé de creer que fuera cierto; porque lo sentí en mis brazos, tiernito, lleno de boca y de ojos y de manos; durante mucho tiempo conservé en mis dedos la impresión de sus ojos dormidos y el palpitar de su corazón. ¿Cómo no iba a pensar que aquello fuera verdad? Lo llevaba conmigo a dondequiera que iba, envuelto en mi rebozo, y de pronto lo perdí. En el cielo me dijeron que se habían equivocado conmigo. Que me habían dado un corazón de madre, pero un seno de una cualquiera."

21 de diciembre de 2012

Del origen de la fiesta de Navidad.






La Anunciación de los Pastores. Roberto Laplaza. 1869.





     Y el ángel les dijo: "No temáis; porque he aquí que os doy una buena noticia, una alegría grande, que lo será para todo el pueblo: Que hoy os ha nacido un Salvador, que es Cristo Señor, en la ciudad de David. Y ésta será vuestra señal: hallaréis una criatura envuelta en pañales y reclinada en un pesebre".

Lucas, 2, 10-12.







     Llegan los días en que, efectivamente, la grey cristiana tiene motivos para alegrarse. Conmemoran el nacimiento de su salvador, el pastor que les conducirá por caminos seguros a través de este valle de lágrimas, hasta llevarlos a los felices e inagotables pastos de la eternidad, donde la hierba siempre es verde y el agua corre fresca e inacabable por cristalinos cauces infinitos.

     Oveja displicente, insatisfecho con la promesa de pasto y agua, yo me pregunto si ésto ha sido siempre así, y parece ser que no. O mejor dicho, parece ser que sí, que siempre ha sido así, incluso desde antes del nacimiento de Jesús. Es posible que la navidad la inventara el primer hombre que elevara su mirada y su curiosidad hacia las estrellas.

     Se sabe que los primeros cristianos no tenían una celebración ni una fecha específica para conmemorar el nacimiento de Jesús, que no formaría parte de las fiestas religiosas hasta el siglo IV. Su origen se encuentra en la obligada "cristianización" de las fiestas paganas tras la conversión del Imperio, concretamente de la Saturnalia romana, entre el 17 y el 24 de diciembre y que culminaban el día 25 con la celebración del nacimiento de Saturno, hijo del Cielo (Caelo) y de la Tierra (Tellus). En aquellas saturnalias era costumbre comer y beber sin moderación, además del intercambio de regalos como exaltación de la amistad, colocar en las puertas de las casas coronas de flores y adornar un árbol colgando de él frutas y motivos alegóricos referidos al dios Sol. Por otro lado, y no es cuestión sin importancia, al hacer propias estas celebraciones el cristianismo se dota de una deidad femenina relacionada con la Maternidad, encarnada en este caso en María, la madre de Jesús, y de la que hasta ese momento carecía, en contraposición con la mayoría de creencias religiosas que le eran contemporáneas.

     Podemos retrotraernos más todavía. Mitos similares (cuando no el mismo adaptado a la civilización dominante) son el egípcio, el Baal de los Caldeos o el más antiguo todavía (2600 a.C.), el Tamuz de la mítica Babilonia, concebido por su madre Semiramis, la "Reina del Cielo", sin pérdida de su virginidad. Y todas estas mitificaciones relacionadas con la natividad tienen un mismo tronco raíz.




Semiramis, virgen, amamantando a su hijo Talmuz.
El simbolismo cristiano es asombrosamente evidente.




     Cuando el hombre se constituye en sociedades más o menos estables, comienza a usar la observación para dominar el entorno en su favor. No tarda en darse cuenta de los ciclos estacionales, y pronto será capaz de predecir el momento del año en que el día comienza a ganarle terreno a la noche, es decir, el Solsticio de Invierno. Y sabido es que el ser humano tiende a sacralizar todo aquello que no es capaz de explicar, y en consecuencia no tarda en "divinizar" de alguna manera este momento en que se materializa la victoria de la luz sobre las tinieblas, del dios Sol frente a la oscuridad de la noche. Posiblemente el verdadero origen de la navidad sea tan antiguo como lo fueron las primeras civilizaciones humanas.


     Cuando en estos días levantemos la copa para brindar con la familia o con los amigos, cuando recibamos o demos un regalo, y por encima de cualquier consideración religiosa, comercial, tradicionalista o de cualquier otra naturaleza, podemos creer que estamos perpetuando un rito cabalístico y ancestral que surgió casi al mismo tiempo que la humanidad. No es mal tema para reflexionar en estas fechas. Feliz navidad. Consolémonos celebrando la imaginaria venida de aquellos que cita el evangelista:



Saturnalia romana.



"los que no fueron engendrados de la sangre
ni del querer de la carne
ni del querer del varón,
sino de Dios."

Juan 1, 12.






1 de diciembre de 2012

La Institución Libre de Enseñanza. Apuntes.




"Si hay un bien químicamente puro, ese es la educación. Si hay una ambrosía y un néctar para los mortales, es la educación. Los beneficios mayores --la libertad, la paz, la justicia, la igualdad-- nos vienen por ella. No existe manjar más sabroso ni oro de más quilates. Y ninguna cosa nos conviene más. La necesitamos a torrentes, a diluvios. La labranza de esta miel inmaterial es nuestro destino. Todos tenemos la misma cosa que hacer: educarnos."


     Las palabras que preceden no son mías, como prontamente habrá deducido el lector por su belleza y por su profundo significado. Pertenecen a un  artículo de María del Carmen Gil, directora del Departamento de Educación de la Universidad de Córdoba titulado Sin más armas que las razones. (Diario Córdoba, 30-11-2012).

     Esa concepción humanista de la educación como un valor intrínseco y sustancial a la persona, en contraposición al concepto educativo como mera transmisión de conocimientos no es algo nuevo, sino que como todas las cosas tiene su origen y su evolución histórica que merece la pena conocer para justificar su actualidad como objetivo por el que luchar no sólo desde las aulas, sino desde toda la sociedad.


 
     En 1875, bajo el reinado de Alfonso XII y siendo presidente del Consejo de Ministros don Antonio Cánovas del Castillo, se publica el "Decreto Orovio", así conocido por ser su impulsor don Manuel Orovio Echagüe, Ministro de Fomento. Este texto legal supone en España la suspensión de la libertad de cátedra "si se atenta contra los dogmas de fe", y causa la separación de muchos intelectuales de la Universidad, por ser contrarios a la introducción de dogmas religiosos, morales o políticos en la enseñanza. Estos intelectuales, encabezados por don Francisco Giner de los Ríos, fundarán el 29 de octubre de 1876 en Madrid la Institución Libre de Enseñanza.

     A finales del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX, siete de cada diez españoles no sabe leer ni escribir. Cuando las ciudades más importantes se van industrializando, el salario de un obrero es insuficiente para garantizar la subsistencia diaria. El trabajo infantil aleja a los niños del sistema educativo, en manos religiosas casi en su totalidad, y que únicamente alcanza a las familias más pudientes y a la burguesía. En el campo, donde vive casi el 70 por ciento de la población, la situación es todavía peor. Allí el salario de un jornalero es un tercio que el de un obrero de la ciudad. La educación está en manos de maestros mal pagados, y los niños abandonan la escuela casi en su totalidad antes de adquirir un mínimo nivel de alfabetización. Mientras, desde los confesionarios y los púlpitos de las iglesias los curas, bien lustrados por los caciques y terratenientes rurales, predican la necesaria resignación cristiana y demonizan cualquier movimiento de lucha o sindicación laboral.

     En este contexto, la Institución Libre de Enseñanza nace totalmente independiente del Estado, del que nunca recibirá ni solicitará subvención alguna y del que jamás instará la homologación de sus títulos académicos, y pretende una formación total de la persona. Podría decirse que es una adaptación liberal del humanismo renacentista. Por su Residencia de Estudiantes pasarán los mejores intelectuales del siglo XX: Dalí, Lorca, Buñuel, Ortega, y una larga lista que incluye incluso a Albert Einstein. De ella saldrá, o en ella germinará la Generación del 27. Citaré como ejemplo para justificar su luminosa actualidad un texto de la Institución que bien podríamos haber leído en cualquier periódico hace tan solo unas semanas:

"La separación de sexos en la enseñanza es, precisamente, lo contrario de lo que acontece en la vida cotidiana. En ésta los niños de uno y otro sexo juegan juntos, conviven en familia y se relacionan con naturalidad. ¿Por qué entonces distorsionar de tal modo en la escuela lo que es absolutamente natural fuera de ella? El hacer del otro sexo algo distante y separado en el momento escolar contribuye a proporcionar una visión unilateral y viciada de la vida y de la humanidad y a dificultar la fluidez en el entendimiento entre dos mentalidades históricamente distintas. Además, tal separación es discriminatoria para la mujer y moralmente hipócrita."


     Si bien en un principio la acción educadora se limita a los niveles universitario y secundario, pronto comprenden la necesidad de extender su acción a la escuela primaria y, fundamentalmente, al entorno rural.  Así nacen, en el mismo año de proclamación de la II República, las Misiones Pedagógicas, que acercan la educación y la cultura a las zonas más aisladas de la nación. Con independencia de estas misiones e incluso de la propia institución, es justo señalar que entre 1931 y 1936 se encuentra la época en toda la historia de España en que un gobierno haya invertido más en educación.

     Por desgracia, otra vez la intolerancia y la sinrazón se cruzarán para cortar de raíz el progreso social, impidiendo que esa inversión diera fruto. El alzamiento militar protagonizado por el General Franco en 1936, el último espadón de la historia de España, vino de nuevo a suprimir la libertad de cátedra, entre todas las demás, y a reinstaurar una vez más el totalitarismo político, el nacionalcatolicismo heredado de Isabel de Castilla y la cortedad de miras, y en lugar de en una escuela, convertir a España en un cuartel. Los integrantes de la Institución Libre de Enseñanza, como muchos de los maestros republicanos y los estudiantes de la residencia, en su mayoría, se exilian. Pero dejan plantada una semilla en esta sociedad aparentemente indolente. Las palabras de María del  Carmen Gil, el artículo con que he comenzado esta entrada, son la prueba de que esa semilla promete germinar, son un llamamiento a la defensa de la educación, que pasa por la concienciación de que la escuela y la vida son, han de ser, la misma cosa.





22 de noviembre de 2012

Mercy deportada.




     Transcribo literalmente una carta de opinión publicada hoy, 22 de noviembre, en la sección de Cartas al Director de Diario Córdoba. Lo hago por convicción, sin tocar una coma. La carta está firmada por Marta de Luna, de la Asociación Hiedra, que sinceramente he de admitir que desconozco, y a quien espero no moleste que la publique en esta humilde tribuna, que no llega más lejos de unos pocos amigos y familiares. Y es que me ha golpeado la conciencia, y la vergüenza. Porque es una historia real, una tragedia real, y porque hasta que no seamos capaces de aprender que el ser humano tiene que estar por encima de todo, no avanzaremos para mejorar la sociedad, sino únicamente para enriquecer a unos pocos personajes, algunos ocultos y otros públicos, pero ambos sin escrúpulos. Y porque, como dice la carta, hemos sido nosotros quienes la hemos esposado:

     "Hoy es un día muy triste. El Gobierno ha deportado a nuestra amiga Mercy. Llegó a España hace siete años huyendo de su país, donde la desesperación de la miseria hace insoportable la vida (que si analizásemos las causas, algunas nos señalarían).

     Salió con los escasos ahorros de una familia pobre, y con la esperanza de poder ofrecerles una vida mejor. Durante el trayecto sufrió todo tipo de violaciones de derechos humanos a través de países a los que Europa financia para que paren la inmigración sin querer mirar cómo.

      Desde que la conocimos ha sido parte de la familia Hiedra, tiempo en que nos ha enseñado el significado de palabras como lucha, superación, y amor por los suyos.

    Mercy es una mujer admirable a la que, después de encerrar en un CIE por no haberle permitido regularizar su situación, hoy, hemos esposado y regresado a Nigeria, para ella... el infierno".


Fotograma de la película "14 kilómetros".




7 de noviembre de 2012

Ilusiones. Richard Bach.



Todos los seres,
todos los acontecimientos
de tu vida están ahí
porque tú los has convocado.


Para vivir
libre y dichosamente,
debes sacrificar el
tedio.
No es siempre un
sacrificio fácil.

Fotografía: José María Delgado.



Lo que la oruga interpreta
como el fin del mundo
es lo que su dueño denomina
mariposa.


4 de noviembre de 2012

Tarde de lluvia.



     Las tardes de lluvia los libros descansan, no pasean, no interrogan las calles de la ciudad. Las luces de los coches eclipsan el brillo en la mirada de los lectores. En las tardes de lluvia es fácil encontrarlos, huérfanos y desorientados, en los cafés. Vagan desesperados, tristes y meditabundos, sin saberlo. Hacen que la lluvia caiga más despacio. Convierten cualquier tarde en preludio de la normalidad, en víspera de entresemana. Son faltos de la luz de las páginas, del brillo de las palabras, del cielo raso y azul de la razón.

     A escondidas, el adicto a la letra impresa roba el último rayo de claridad a la tarde y, bajo la ventana, se atreve a abrir al azar alguno de los libros que aparentemente descansan en cualquier estantería, porque no tienen paraquas bajo el que pasear la lluviosa tarde de domingo. 

      Seguramente ignora en qué desconocido y profundo mundo se está introduciendo, hasta dónde y hasta quién le puede llevar una decisión provocada por la melancolía de la lluvia. Probablemente también ignore cuán afortunado es en ese momento.


22 de octubre de 2012

Reseña. El temblor del héroe. Álvaro Pombo.






"   ... filosofar es un ejercicio de dejación de la vida personal, un desahucio del  yo individual que conduce, con suerte, al borde de la conciencia transindividual, a la clarividencia y al sosiego."






       Me es forzoso reconocer que este ha sido mi primer acercamiento a Álvaro Pombo, personaje sin duda singular que hasta ahora conocía más por su actividad política y por su imagen televisiva que por su faceta literaria. Y ha sido sin duda una experiencia sorprendente y satisfactoria, que deberá tener continuidad puesto que es mi intención futura entrar más a fondo en su obra.

      Lo primero que sorprende es su prosa culta, erudita, profunda y de gran calado, con frecuentes citas de carácter filosófico que ahondan en el sentido de la existencia, en las emociones y en las causas del comportamiento de los personajes. Pombo sitúa al lector en cada momento en el lugar en que debe estar.

     Argumentalmente la obra no es compleja, de hecho la trama resulta incluso mundana, convencional. Román, un profesor universitario jubilado, es el protagonista intelectual. Los demás personajes, con su peso propio cada uno, orbitan en su derredor. Presenta, además, un personaje desestabilizador, transversal a las relaciones entre los otros, como un extraño asteroide que viniera a perturbar las órbitas marcadas por la aceptada normalidad. Un taimado charlatán que fácilmente puede confundirse con un conversador culto llamado Bernardo y que, como diría Joaquín Sabina, sería "un experto en el difícil arte de no mojarse bajo un chaparrón". 


     No en vano Bernardo es patinador. Y es que el autor cita en varias ocasiones en esta novela la ambigua frase de Sartre "deslizaos, mortales, no os apoyéis", en clara referencia a estos personajes que pasan la vida como patinando, esquivando obstáculos, sin ahondar nunca el surco que marca su camino, pero influyendo en los caminos que esforzadamente siguen los demás.  

     Para Pombo la pureza no existe, o al menos es inalcanzable, es algo que se nos derretiría entre las manos en el instante justamente previo a llegar a tocarla, como un copo de nieve: "lo peculiar de la pureza estriba en que no puede ser pretendida ni realizada. Se la puede perder cuando se la tiene, pero no ganar cuando no se la tiene. Es un estado originario del carácter anterior al conflicto, anterior a la vida propiamente dicha, anterior a la experiencia y a la culpa." Si volvemos a Sartre, podremos decir que únicamente un ser es puro cuando todavía no es, cuando únicamente es existencia, sin llegar a ser nada, sin la posterior esencia aún (la existencia precede a la esencia). De esa falta de pureza sustancial al ser humano nacen la culpa y el arrepentimiento, en un sentido plenamente teosófico y sustancial, una dualidad inseparable como forma exclusiva de alcanzar algo parecido a la felicidad.  

     El amor tampoco existe, el amor simplemente es. No se encuentra, se busca y se pelea y se aprende, pero tampoco es ajeno al mercantilismo social del intelecto: "La gente cree que el gran acontecimiento, el acontecimiento de dos personas que se conocen y se gustan llega cuando se acuestan. La gente cree eso porque enfocan las relaciones como artículos de consumo. Una relación se adquiere mediante el trato y se consuma, por lo menos a ciertas edades, en el amor. Pero las cosas no son así. El interés aparece tan pronto como en una relación aparece lo irreversible; aquello que una vez efectuado no puede desefectuarse, aquello que una vez comprado no puede descambiarse. Lo que no se puede abortar sin peligro de muerte." 



      Pienso que la novela de Pombo merece una segunda lectura transcurrido un tiempo prudente. Su profundidad requiere mayor sosiego y reflexión. No es obra para deslizarse sobre ella, al contrario. Solicita sin duda acometerla con la suficiente calma como para apoyarse en sus párrafos y descansar entre ellos de la banalidad de la vida cotidiana. Los personajes que la sustancian no son del todo transparentes. El lector accede a sus palabras, a sus pensamientos, incluso a su lenguaje no verbal, pero como si fueran esencia de la realidad, mantienen oculta una parte de sí mismos, inaccesible al voyeur que los lee tanto como al resto de personajes, quizá al mismo autor incluso.

     Es, en cierto sentido, la imagen del esfuerzo por mantener roto el nexo con la soledad y la justificación de la propia senda existencial de cada uno, una lucha para que en esa titánica y cotidiana tarea no se filtren el engaño, la mentira y la fatuidad. Y tal como se desarrolla la novela, puede que el esfuerzo resulte vacuo e inútil. 

     Habrá que reflexionar sobre esto.  Serenamente. 

     

17 de octubre de 2012

De fronteras y debates. Trazos.




     "El meu desig és que entre el meu Madrid i la meva Barcelona no hi hagi més que una línia imaginària que és el meridià de Greenwitch"
 "Que las líneas divisorias que haya entre Madrid, mi ciudad natal, y Barcelona, también mi ciudad, no sean más que ese meridiano de Greenwitch, que no es más que una línea imaginaria, que no necesitan pasaportes para cruzarla".

Lorenzo Silva. Premio Planeta 2012.


     Hay que felicitarse. Lo digo sinceramente. Hay que felicitarse porque únicamente muy de vez en cuando se escucha una frase inteligente en un informativo de televisión. Y la dijo recientemente Lorenzo Silva en la ceremonia de entrega del Premio Planeta de Novela 2012, lustrando e ilustrando así a los descerebrados que había entre el público, que por increible que pueda parecer, los había. Aunque no estoy muy seguro que se dieran por aludidos, pendientes como debían estar de satisfacer sus respectivos egos políticos, tarea que se me antoja ardua, inacabable y absurda, como la de Sísifo.

     No creo en la idiosincrasia de los pueblos, no admito que una forma de ser, de sentir o de vivir pueda aplicársele a una comunidad heterogénea como si se tratara de un rasgo genético. Admito que cuando nacemos vivimos junto a una serie de factores dados en función de las costumbres o usos del lugar, que condicionan nuestra forma de ser y de actuar. Es lo que denominamos cultura. Y admito que todos los individuos que en un tiempo determinado viven en un sitio más o menos próximo adquieren esa misma cultura y suelen presentar rasgos de comportamiento o de personalidad comunes. Pero de ahí a determinar un carácter propio de la colectividad hay un discurso que excede, a mi juicio, de la indispensable racionalidad.

     No obstante, hay un rasgo que sí cabría admitir como válido para determinar la existencia de una entidad propia como comunidad: el idioma. Un idioma propio supone un rasgo cultural indiscutible, y el pueblo que lo posea tiene el derecho, y sobre todo la obligación, de usarlo, pulirlo y presentarlo como elemento distintivo y diferenciador, pero nunca excluyente.

     Las fronteras, al igual que los meridianos, son líneas imaginarias trazadas por el hombre. Pero a diferencia de estos últimos, sí tienen influencia en la vida de las personas. Las fronteras, que fijan siempre los vencedores, tienen doble misión: dificultar la entrada del que quiere venir, y entorpecer la salida del que quiere irse. En definitiva, siempre pretenden hacer de mejor derecho a quien tiene la suerte de nacer en un lado u otro de la linea. Si tomamos la suficiente perspectiva para mirar y ver con amplitud, son como caprichosos muros de la vergüenza trazados a lápiz sobre el mapa de la especie humana.

     Probablemente el fenómeno de la globalización y los grandes movimientos migratorios que comenzaron a finales del siglo pasado, que son imparables porque los mueve el hambre, conseguirán diluirlas. Con toda seguridad no desaparecerán completamente, pero se harán más finas y permeables. Es un fenómeno de ósmosis en el que todo el mundo se enriquece y se creará una nueva forma de cultura, más amplia y diversa. Esta nueva cultura necesitará de sociedades más abiertas y tolerantes, que habrán de estar mejor gobernadas y representadas. A mi juicio es un cambio de civilización en toda regla, que por su trascendencia histórica necesitará de bastantes generaciones para completarse. Es posible que nosotros únicamente estemos viviendo el comienzo, pero puede que nuestros descendientes vivan en un mundo menos dividido, que su cultura tenga un carácter más supranacional y, en consecuencia, la figura humana tenga más peso en su escala de valores.

     Existen muchos nacionalismos. Unos afectan a una región determinada, otros al país entero. Todos comparten su carácter excluyente e insolidario. De una u otra manera, pretenden un mayor nivel de derechos para unos seres humanos que para otros. No puedo compartir ninguno. Pero el que más me duele, el que menos puedo entender, es el llamado "nacionalismo de izquierda". Cuando Engels y Marx dan forma al socialismo, lo hacen como una unidad de clase que está por encima de las nacionalidades: "¡Proletarios de todos los países, uníos!". Si los distintos socialismos omiten la premisa de unidad de clase social y hacen distinción entre los trabajadores según su origen, pervierten su carga ideológica y dejan la "izquierda" tan sólo en las siglas de sus partidos políticos. No puedo entender el término "izquierda nacionalista", me resulta contradictorio en sí mismo.

     Es posible que actualmente la sociedad española padezca debates que están sobrevalorados y cargados de tópicos poco razonados y frecuentemente injustos, además de anacrónicos. Es posible que quienes alientan estos debates (que escucharon en directo a Lorenzo Silva) pretendan recuperar el apoyo perdido por su incompetencia recurriendo a conceptos más viscerales. En todo caso alimentar el debate sobre la secesión de España supone una cortina de humo que deriva la indignación hacia otro lado, o eso pretende al menos. Pero la indignación está en la calle, está en los centros de trabajo, en las universidades, en los colegios, y sobre todo está en la mentalidad de los ciudadanos que se sienten estafados, y eso también es imparable, porque la mueve la necesidad de justicia social.  

     Nuestros representantes electos apelan a su condición de tal únicamente cuando se sienten amenazados, precisamente por aquellos a quienes dicen representar. Pero el sentimiento global es que después de una estafa electoral sin precedentes, se ha roto el nexo de representatividad. El hecho es incuestionablemente grave y precisaría de un auténtico debate social. Pero en lugar de ello se alientan viejos fantasmas mientras el Parlamento, sede de la soberanía, se convierte en un búnker. No es una actitud inteligente.





13 de octubre de 2012

In Hoc Signo vinces.

    

     Octubre, año 312. Constantino se propone emprender la batalla del Puente Milvio contra Majencio, que representa la tetrarquía que gobierna el Imperio. El día anterior a la batalla tiene una visión: una Cruz en el cielo y una voz en griego que le dice "bajo este signo, vencerás". A partir de ese momento, continúa la leyenda, Constantino incorporaría al escudo de sus soldados y al lábaro de su ejército el  Crismón, o anagrama de Cristo. Lo que nos dice la Historia es que el cristianismo debía estar ya muy inmerso en todas las clases sociales de Roma, desde esclavos hasta patricios, habiéndose convertido incluso la propia madre de Constantino, y que a cambio de su apoyo, éste promulgaría en el año 313, junto a Licinio, en representación del Imperio Oriental, el Edicto de Milán, que establecía la libertad de religión en el mundo romano y que vendría a completar el Edicto de Tolerancia de Nicomedia, del año 311. Apenas 70 años después, en el año 380, Teodosio I el Grande haría del cristianismo niceno la religión oficial del Imperio mediante la promulgación del Edicto de Tesalónica.

     En 390, Ambrosio de Milán se atrevió a excomulgar al emperador tras la Masacre de Tesalónica y, tras varios meses de penitencia, obligarle a postrarse ante él vestido únicamente con una túnica, desprovisto de cualquier símbolo de poder. Fue la más perfecta escenificación del hecho incuestionable de que la Iglesia se había situado ya por entonces por encima de los Estados, arrogándose el derecho a intervenir directamente en cuestiones de índole estrictamente político. Como ejemplo, tres años más tarde conseguiría que el propio Teodosio I  prohibiera los juegos olímpicos, que consideraba de carácter pagano.

     Aquella religión mistérica proveniente de judea que divinizaba a un condenado a muerte de cruz y cuyos seguidores habían sido perseguidos y martirizados cuando se negaron a acatar el carácter divino del Emperador, había conseguido doblegar a la mismísima Roma. Aquella religión había creado una estructura tan firme que sobreviviría a la caída del Imperio hasta nuestros días, manteniendo en todas las épocas históricas relaciones de dependencia mutua y de dominio con todas las civilizaciones y sociedades en las que consiguiera introducirse. Pero todo ello con una perversión del mensaje: tomando al pie de la letra la frase evangélica "no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha", se daba que mientras una mano proclamaba la igualdad de todos los hombres, la otra instaba a la resignación ante las injusticias sociales; mientras una mano exaltaba la pobreza y la humildad, la otra atesoraba riquezas con avaricia incuestionable; mientras se hablaba del Reino de los Cielos, se buscaba el poder absoluto en el terrenal. La víctima se había transformado en victimario, y tardaría muy poco en demostrarlo.

     Originario de la provincia romana de Gallaecia, Prisciliano se sintió tan imbuído en el cristianismo primitivo que fundó una especie de comuna ascética. En la Iglesia romana no había todavía tradición monástica, y la de Prisciliano parece estar inspirada en costumbres precristianas de origen celta. Sería tras la caída del Imperio Romano, en plena Hispania visigoda, cuando provenientes del norte de África llegaran las primeras comunidades de monjes. Además de estas costumbres no puramente acordes con la doctrina nicena, Prisciliano organizaba lecturas de textos sagrados a las que acudían mujeres, condenaba la esclavitud y censuraba la opulencia en que vivían los obispos. Fue detenido en Trévelis en el año 392, torturado hasta confesarse reo de herejía y brujo, y decapitado junto a otros seis seguidores suyos. La segunda víctima de la intolerancia católica fue cruelmente asesinada y descuartizada en  Alejandría, a manos de una furiosa turba soliviantada por el obispo Cirilo. Se trataba de Hipatia, una mujer erudita y muy crítica con los excesos impositivos del cristianismo.

     Pero volvamos a Prisciliano. De nuevo la leyenda viene a nuestro encuentro y nos dice que después de ejecutado, sus seguidores llevaron ocultamente su cuerpo hasta su Gallaecia natal y lo enterraron en secreto. De esta manera, hay quien opina que el cuerpo encontrado en Iria Flavia no sería el del apóstol Santiago, sino el del mismísimo Prisciliano, por lo que durante siglos la cristiandad entera podría haber estado adorando y  peregrinando a la tumba del primer hereje condenado y ejecutado por la Iglesia Católica. Curioso, al menos. No creo que la Iglesia se atreva a datar los restos óseos que descansan en la Catedral de Santiago, máxime después de lo que ocurrió en 1988 con la investigación sobre la Sábana Santa.

     Ya a finales del siglo VII el X Concilio de Toledo (656) se vio obligado a intervenir para poner remedio a la situación planteada por el abad-obispo de Dumia (hoy Portugal) Ricimiro, quien dispuso en su testamento que las recaudaciones de los tributos y el precio de los frutos fuera entregado anualmente a los pobres, a los que dio igualmente cuanto él había conseguido durante su ministerio y lo que había hallado en la Iglesia en el momento de ser nombrado para el cargo. Por último, Ricimiro vendió algunos bienes a precios ruinosos y liberó a más de quinientos esclavos entre los que se contaban algunos pertenecientes, por herencia, al propio Ricimiro, aunque la mayoría eran propiedad de la Iglesia.

     Atendiendo a que los pobres no estaban aquejados de graves necesidades y a que el obispo Ricimiro no había dado nada en compensación por su liberalidades, los padres conciliares declararon nulo, en parte, el testamento y dispusieron que los frutos y las rentas dejados a los pobres pasarían a poder de la iglesia de Dumio hasta que ésta se hubiera resarcido de las pérdidas ocasionadas por las donaciones y las ventas ruinosas; y sólo después podrían dedicarse a remediar las necesidades de los pobres. En cuanto a la suerte de los libertos y de los bienes que habían recibido, el concilio la dejó a la discreción de Fructuoso, sucesor de Ricimiro al frente de la iglesia de Dumio. 

************




     Traigo a este Club de la Serpiente estos datos históricos, reconozco que intencionadamente seleccionados, con la idea de reflexionar sobre la justificación racional de los movimientos laicistas, tan injustamente calificados de intolerantes por quienes ven en ellos un peligro para el mantenimiento de su estatus social y económico, pues en el fondo conocen que su posición de dominio descansa sobre el vacío, la superstición y la ignorancia. He obviado por conocidos datos más recientes históricamente, como pudiera ser el catolicismo imperial español, la Santa Inquisición o el propiamente denominado nacional-catolicismo. He preferido centrarme en hechos correspondientes a los primeros siglos de vida de la Iglesia Católica, porque considero que están en algún modo falsamente mitificados en el conocimiento histórico colectivo. Hoy en día, consolidadas las democracias occidentales y la idea de soberanía popular, en la que el poder ya no reside en la figura de un emperador, de un rey o de un dictador, sino en el pueblo, en la masa social, es inviable que ninguna religión pretenda siquiera condicionar decisiones de carácter legislativo, político o civil de parlamentos elegidos libremente. Se hace preciso, indispensable, restringir la religión al ámbito estrictamente personal. A ningún pueblo, a ninguna sociedad ni estamento se les puede atribuir creencias de ningún tipo. Quienes practican (o no), quienes creen (o no), no son los pueblos, sino los individuos que los forman, de forma íntima y personal. Por eso, cuando un alcalde de cualquier ciudad, en su condición de tal, acude a un acto religioso (por más "oficialidad" de la que se quiera revestir), está adoptando la misma postura que el emperador Teodosio ante San Ambrosio, pero con una diferencia notable: el poder que somete a la jerarquía eclesiástica no lo ostenta él, únicamente lo ejerce en representación y no le es lícito postrarse en su nombre ante ninguna creencia religiosa.

     Y es que quizá habría que reflexionar junto a San Agustín, quien decía que Dios era más íntimo a cada cual que incluso el propio yo. Si de verdad se intentara restringir a Dios (o a la ausencia de Dios) al ámbito de la intimidad personal, seguramente viviríamos una sociedad más justa y tolerante, con menos fantasmas púrpuras vigilantes de la moral, centinelas de alcobas ajenas desde sus célibes tronos, sin sus negros lacayos tejedores de sutiles telas de araña en instituciones sociales básicas como la familia o la escuela, o sin sus mercaderes convenientemente infiltrados en los resortes económicos de la sociedad.





26 de septiembre de 2012

Kafka en el Congreso, sin pañuelo.







"Lo creo", dijo K., "yo mismo he sido testido, pero solo puedo ver con mis ojos, y con ellos no puedo distinguiros."




   
    Recién acabo de emerger de un mundo inacabado, delirante, absurdo y triste. Lo trágico, lo tormentoso, es que el despertar supone una vuelta a la realidad que se encuentra reflejada en ese extraño sueño, como el deliro de un paranoico o las voces que torturan la mente de un esquizoide. El lector se atemoriza cuando detecta que los ladrillos que forman su sueño son parte del mundo cotidiano, real aunque deforme. Cuando despiertas de una pesadilla sientes el inmediato alivio de saberte víctima de una visión onírica e involuntaria del mundo. Ahora lo que percibes es el sutil estremecimiento de haber vislumbrado el reflejo desfigurado en un espejo curvo, pero que no es más que una distorsión de la realidad, de la que conserva su esencia y naturaleza propias, como una alteración en una locura colectiva, en un rito minóico, sangriento, legendario y arcaico.

     El Centro de Poder es lejano e inaccesible. Las decisiones que en él se toman influyen en nuestras vidas, pero nadie puede acercarse ni interferir en ellas. Sus servidores, sus lacayos, justifican actos supuestamente justos con argumentos insostenibles. En realidad se otorgan un "estatus social" del que se benefician injustamente. Nadie conoce cuáles son los verdaderos resortes que rigen el poder, ni las decisiones reales que se adoptan, ni por supuesto sus motivaciones, sus consecuencias y sus objetivos. A quien le es permitido medra en derredor en busca de prebendas o limosnas que si consigue agredecerá justificando el nepotismo.

     Las gentes tienen un comportamiento extraño y hostil. Sus motivaciones son irracionales y absurdas, incluso subhumanas, aunque sólo en apariencia. En realidad actúan con intención, haciendo al actor culpable de su fracaso y del engaño a que es sometido pero permitiéndole siempre una pequeña esperanza en el éxito, una redención supeditada al sometimiento. Esa imposición de la culpa tiene un matiz claramente religioso, último puntal para que el sometido justifique la tiranía, para que la víctima se someta a su verdugo y permita la venda que ocultará el mundo a su mirada.

     Mi sueño temina inacabado, como la vida, como la Historia. Cuando aparentemente estamos ante un avance argumental, de repente, en mitad de una frase, sin ningún signo de puntuación que nos señale el final, nos encontramos el resto de la página en blanco:

 "Tendió a K. una mano temblorosa y lo hizo sentarse a su lado; hablaba con dificultad, era difícil comprenderla, pero lo que dijo

     La inmensa mayoría de los lectores, de los ensoñadores, tardaremos unos segundos, unos minutos todo más, en salir de la abstracción y cerrar el libro, acaso ligeramente pensativos. Sostengo la ilusión en que llegará un día en que alguien capaz de sembrar la esperanza, cogerá la pluma y dará un giro a la Historia, continuando libremente el argumento inconcluso. Quizá consiga acceder al Castillo y mostrar el verdadero rostro de sus habitantes.


"No necesita que lo animen", dijo K., "animarlo significa decirle que tiene razón, que debe continuar de la misma forma que hasta ahora, pero precisamente de esa forma no logrará nunca nada; por mucho que animes a alguien que tiene los ojos vendados a mirar a través del pañuelo, nunca verá nada; solo si le quitas el pañuelo podrá ver."
El Castillo.
Franz Kafka.

23 de septiembre de 2012

Sierra de Cazorla. Apunte crítico.





Sierra de Cazorla. Inmediaciones Hotel Coto del Valle. Septiembre 2012.



     Este joven y hermoso ejemplar de ciervo, que posa para los turistas de forma casi afeminada, está donde no debería. Seguramente desde muy pequeño aprendió de su madre a perder el miedo al hombre y acercarse a los hoteles y restaurantes como una forma de conseguir alimento con poco esfuerzo. Se produce así un intercambio que únicamente en apariencia es beneficioso para el animal y para el ser humano, pero que en realidad perjudica a ambos e, indudablemente, a la conservación del parque natural.

     ¿Cree alguien que este animal estará en condiciones de competir por el harén de hembras frente a los otros machos, curtidos para la supervivencia en los lugares más recónditos y escarpados de las montañas? El celo, o berrea, está próximo, y cuando resuene por toda la Sierra en el frío aire del otoño el choque de las cornamentas, él estará abajo en el valle, alimentándose de los restos de comida que los hombres le arrojan, quizá ajeno al instinto de perpetuar sus genes.


     No me es posible compartir ni entender la costumbre que para atraer clientes utilizan restaurantes y bares de facilitar alimento y así hacer que bajen animales a pie de carretera. Es una desnaturalización de la fauna que constituye la mayor riqueza del Parque Natural y lleva a la Sierra a personas que no siempre comprenden la necesidad de respetar escrupulosamente este enorme ecosistema. Y combatirla sería tan fácil como prohibir dar de comer a los animales, si no es que está prohibido ya y simplemente no se cumple, al igual que se ha prohibido la acampada o se colocan barreras y cadenas en los caminos para impedir el paso de vehículos.

     ¿Quiere usted ver animales, señor visitante? Levántese con el sol y cálcese unas buenas botas. Escoja un sendero y aprenda a observar con la certeza de que el primer observado es usted. Ellos no se pararán para que les fotografíe, pero cada vez que, furtiva y fugazmente, atisbe alguno durante un precioso y brevísimo instante, antes de que emprenda la huída, sentirá que le ha sido desvelado un gran secreto del bosque y que al mismo tiempo ha respetado la libertad y la independencia que estos seres, sin duda, merecen y que les es imprescindible para su supervivencia en estado salvaje, como los que puede ver a continuación:















     Este tesoro también puede ser tu tesoro; basta que lo aprecies. Si te emociona el júbilo de un carbonero que juguetea entre las ramas nevadas de un pino en un radiante día de invierno, si esperas sigiloso el encuentro siempre fugaz con un ciervo o muflón en alguna nava a la fría luz del amanecer, si te reconforta el ánimo el olor a bosque que desprende el boj en alguna umbría, si te sosiega el espíritu perder el tiempo bajo algún pino para escuchar el viento en su copa, entonces, no lo dudes, éste también es tu paraíso. Pero por favor, cuídalo; que tu paso por él sea ligero, nunca más profundo que la huella de tus botas.

Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas.
Guía del excursionista.
Enrique Marín Fernández










15 de septiembre de 2012

La verdad de Lázaro.



     "La verdad, Lázaro, es acaso algo terrible, algo intolerable, algo mortal; la gente sencilla no podría vivir con ella. (.....) Yo estoy para hacer vivir a las almas de mis feligreses, para hacerlos felices, para hacerles que se sueñen inmortales y no para matarlos. Lo que aquí hace falta es que vivan sanamente, que vivan en unanimidad de sentido, y con la verdad, con mi verdad, no vivirían. Que vivan. Y esto hace la Iglesia, hacerlos vivir. ¿Religión verdadera? Todas las religiones son verdaderas en cuanto hacen vivir espiritualmente a los pueblos que las profesan, en cuanto les consuelan de haber tenido que nacer para morir, y para cada pueblo la religión más verdadera es la suya, la que le ha hecho."

San Manuel Bueno, mártir.
Miguel de Unamuno.




     La tortura de la razón contra la seguridad de la fé. La libertad contra la aparente felicidad de la indolencia, de la seguridad que ofrece el rebaño.



     "La verdad os hará libres" (Juan, 8:32). Con esta frase Jesús obvió que a la felicidad quizá se llega a través de la inacción intelectual. Su Iglesia, en cuanto se romanizó y Paulo la estructuró formalmente, se dio cuenta que no necesitaba hombres libres sino sencillos y resignados, y les ocultó la verdad.

     Dos estados contradictorios, y a la vez complementarios. La búsqueda constante de la verdad lleva a Alonso Quijano a la locura; la simplicidad del escudero le aporta la seguridad de mantenerse en la retaguardia siempre, a cambio de su renuncia a cualquier asomo de razonamiento. A ambos les disculpa su tremenda ingenuidad, pero el lector es incapaz de vislumbrar cuál de los dos es más inteligente.

     Lo único que nos enseña la brevísima novela (o nivola) de don Miguel es la imposibilidad de conocer lo que realmente cree o deja de creer una persona, incluso respecto a uno mismo. La verdad, siendo única para cada individuo, rara vez conduce a la felicidad. Esta únicamente podemos encontrarla en las cosas más sencillas, en aquellas que a veces no nos dignamos a mirar siquiera, engreídos en pensamientos que, quizá, sólo quizá, sean demasiado elevados para sernos útiles. El lago oculta en su fondo una aldea sumergida. La noche de San Juan hay quien escucha los goznes de las campanas anegadas. Es posible que únicamente aquellos  que quieran y tengan la voluntad de oirlas.