... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

9 de enero de 2012

Reseña. Caligrafía de los sueños. Juan Marsé.




"En la posada del fracaso,
donde no hay consuelo ni ascensor,
el desamparo y la humedad
comparten colchón..."


             Joaquín Sabina.      



   
     Sin apenas más argumento que un pequeño trozo de vida, real o imaginada,  quizá soñada, casi una fotografía, ni tan siquiera un cortometraje; sin más decorado que una ciudad que se intuye tenebrosa, sumida en la niebla de una miseria que venía con los tiempos, tanto en el calor que asfixia a los personajes como en la lluvia que los ahoga.


   "Anochece cuando sale a la calle. Los días han menguado, la luz es más difusa y engañosa, el aire más cortante. Una tenue neblina sofoca el amarillento alumbrado de las farolas."
 ......
     "¿A dónde van a parar los dedos muertos de los pianistas?, anota con letra diminuta en su cuaderno secreto de tapas negras."



   El joven pianista frustrado por un accidente en el que pierde un dedo, aprendiz de joyero (gesto autobiográfico), apunta interés por la literatura, le gusta leer y comienza a pensar en escribir. Pero lo más importante es la cuestión que se vislumbra entre líneas: el conocimiento de la realidad y hasta qué punto el escritor puede influir en ella, o crear otra distinta, así como la validez de una y otra.


    "El factor germinal de la escritura ha hecho mientras tanto su trabajo, y algo le induce de pronto a arrancar la hoja garabateada de la libreta y disponer de otra limpia, tantear nuevamente el lápiz con los dedos doloridos y estar atento a la melodía de las palabras que ahora vuelven."




     El lector puede encontrar en esta novela una prosa exquisita, elegante, hermosa y bien construída, pero sin concesiones para con los adornos innecesarios:

  
     "... de modo que todo acaba nuevamente diluido en el limo invernal por el que resvalan los días, en la grisura uniforme que el barrio y la ciudad soportan como un estigma, y uno vuelve a pensar que las cosas que de verdad importan en la vida han de ser otras y pasan lejos de aquí, lejos de nosotros."

.........

     "En la antigua masía abandonada, sumida en el silencio de los derruidos muros de argamasa y de las carcomidas vigas de madera invadidas por zarzas y resecos matorrales, la pandilla se reagrupa al borde de un talud empinado al que se adhiere una inhóspita maraña de arbustos y convoca peligros, confusas emociones y pactos secretos con el futuro, vengándose cruelmente en lagartijas y saltamontes y confabulándose para atraer hasta aquí, algún día no muy lejano, a una novia que se dejará tocar."



     Lo mejor de la novela, bajo mi punto de vista, son sus personajes. Bien construídos, perfectamente desarrollados. Todos participan en el ambiente que Marsé nos presenta en la trama, cada cual con su personalidad perfectamente definida, unos más transparentes que otros, ninguno sobra ni falta, todos exponen, en su justa medida, su carácter y forma de ser, sus sinsabores y amarguras, esperanzas y desengaños.



     "Bajo un cielo estriado de nubes, escucha el silbido del viento en los cables del tendido eléctrico y también el silencio sobre los campos labrados, observa la simétrica languidez y continuidad de lo surcos umbríos, el levísimo polvo rojo que flota inmóvil sobre los caballones, y entonces cree captar la fugacidad del tiempo y piensa en el misterio y la certeza de la muerte."



     Sin duda, lo que más me ha impresionado de la obra es la carta, que supone de amor, que el protagonista reconstruye. Y es porque en ella se refleja claramente la influencia del padre, del ambiente familiar, en su personalidad y en su forma de pensar y escribir. Son frases, connotaciones que se cuelan de forma inconsciente, que nos dan a entender que de verdad, con absoluta sensación de realidad, es el propio personaje el que está escribiendo la carta. Supongo que para un escritor conseguir que el lector tenga el convencimiento, la total certeza, casi como un dogma, de creer que es el  personaje quien le habla, debe ser la meta a conseguir. Cuando realmente se disfruta una novela es cuando al leerla se la reconoce como real. Yo he tenido esa sensación al leer este libro.


1 comentario:

  1. Coincido contigo en eso que dices. En el hecho de que el personaje traspase el límite físico del libro y la trama en la que anda ocupe el aire, te robe la concentración cuando haces otras cosas que no son leer. El novelista, al serlo de verdad, debe hechizar, engolosinar la voluntad del lector y exigirle el peaje de creerse toda la mentira que le está contando. Bellas mentiras, Manolo. No he leído la novela de Marsé que dices, pero sí otras, y Marsé es un maestro en la forja de personajes (El pijoaparte clásico) y en la costura de escenas hasta conformar un todo creíble, creíble sobre todo. Un saludo.

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