... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

22 de enero de 2012

Visita nocturna a la Mezquita de Córdoba

     Este fin de semana he tenido oportunidad de asistir al espectáculo “El alma de Córdoba”, una visita nocturna guiada a la Mezquita de Córdoba.  Visita en grupo restringido, que jugando con la luz y con el sonido,  sumergen al visitante en un ambiente único e inigualable, en más de un milenio de historia.

     Para comenzar la visita se entra en la Mezquita por la “Puerta de los Deanes”.  Bajando desde el centro de la ciudad, justo antes de llegar a la citada puerta, encontramos el “Postigo de la Leche”.  Se desconoce si el nombre lo recibe porque en las gradas de dicho lugar eran abandonados  los recién nacidos cuyas madres, por diversos motivos, no pudieran criar, o si en su interior aguardaban las madres lactantes a ser contratadas por la Casa Cuna para dar de mamar a los huérfanos o expósitos.



    
    


      El hecho es que llegamos con cierto adelanto sobre la hora de inicio. Nos colocaron nuestros receptores y auriculares y entramos dentro del recinto. Pasear en solitario por el Patio de los Naranjos, casi en penumbra, y con el sonido ambiente de una dulzaina y un caudal de agua supone el primer golpe emocional de la noche. De repente te pesa el conocimiento, la completa certeza, de que el lugar que pisas carga con la historia de grandes civilizaciones, de cientos de generaciones. Lugar destinado a las abluciones de los fieles antes de acudir a la oración durante más de quinientos años, preámbulo de la Catedral cristiana desde 1236. Y por qué no decirlo, refugio nocturno de criminales y delincuentes de todo tipo que, perseguidos por la Justicia, se refugiaban entre sus columnas “acogiéndose a Sagrado”. No obstante, si para tu desgracia tu enemigo era lo suficientemente poderoso, de poco te servía porque con toda seguridad pagaría a sicarios para que, bajo la misma fórmula, acogidos en el patio se encargaran de que al amanecer tuvieras un par de dagas clavadas en la espalda.

     La visita interior a la catedral es como una clase de historia que se imparte en el propio terreno de juego. Las luces y las sombras van dirigiendo la atención a aquella parte a que se refiere el narrador. Los musulmanes iluminan las mezquitas desde abajo a arriba, dejando en penumbra la zona más baja, para que invite a la oración y a la reflexión interior. Para notar esto en la visita hay que desviar la mirada del foco principal de atención a aquello que nos queda casi oculto.

     En el año 929, Abd al-Rahman III proclama el Califato de Córdoba. De esta manera se establece la independencia respecto de Damasco, no ya política, sino religiosa, y la ciudad se convertirá en la más importante del mundo en su época. Mientras Europa vive en plena Edad Media, con un sistema feudal oscurantista y una economía incapaz de asegurar la subsistencia de la población, en Al-Ándalus se estudian los poetas, filósofos, médicos y matemáticos griegos, y se desarrollan las ciencias y las letras, la poesía y la matemática, la medicina y la astronomía. Su poder militar alcanza a la mismísima catedral de Santiago de Compostela, destruída por Almanzor ya casi al final del Califato. Casi trescientos años después de su proclamación, en 1236, se celebra la primera misa cristiana en la mezquita de Córdoba. Ambos acontecimientos suceden bajo la cúpula del primer Mihrab del templo, y bajo esa misma cúpula hemos podido conocerlos.

     La narración final pretende hacerte  reflexionar. Previa a la actual catedral católica se levantaba la mayor y más lujosa mezquita del Islam, pero con anterioridad a ésta existía una iglesia cristiana visigoda, levantada también en un templo anterior de origen romano, y éste a su vez quizá sobre otro templo pretérito. ¿Existen recintos, lugares, que tienen un carácter sagrado, con independencia de los tiempos y de la civilización que los viva? Personalmente creo que no, que simplemente cuando una civilización cae y surge una nueva, ésta se impone y levanta sus propios templos sobre los de la anterior, como una cruel forma de demostrar quiénes son los vencedores y quiénes los vencidos.

     No obstante, parece que sí hubo momentos de convivencia más o menos pacifica entre musulmanes, cristianos y judíos en Al-Ándalus. Aunque esta teoría tiene importantes detractores (sobre todo a partir de los atentados de las Torres Gemelas), mi opinión es que es cierta. Lo que ocurre es que en las condiciones en que se dio hoy día serían consideradas como xenófobas. En el siglo X, que un cristiano o un judío pudiera conservar sus bienes y practicar su religión, a pesar de tener que pagar más impuestos y no poder acceder a determinados cargos en la administración, era más de lo que para la mentalidad de la época se podía exigir. Esto fue así únicamente en determinados momentos. De todas formas, fue más de lo que con posterioridad la civilización cristiana ofreció a los vencidos. Las capitulaciones que Fernando e Isabel ofrecieron a Boabdil fueron poco tiempo respetadas. Pero eso ya es harina de otro costal.

     Ayer salimos de la Mezquita con frío, con mucho frío, pero con la sensación de haber vivido algo inolvidable. Y es que lo bueno de la historia es que, a veces, no está sólo en los libros.

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