... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

29 de febrero de 2012

Reseña. Las aventuras de un libro vagabundo. Paul Desalmand.


 
   

       Traigo hoy a capilla un regalo que me fue hecho no recuerdo por qué, aunque si por quién, que es lo que verdaderamente importa. Siempre he pensado que un libro es un regalo de valor incalculable, un don, como los que otorgan las hadas de los cuentos al nacer los príncipes y princesas, pero también un libro puede, y debe, ser impredecible. A priori, no sabemos qué nos va a dar, o qué vamos a poder o saber tomar de él, si suerte, si felicidad, si amor, si cordura, o si todo lo contrario.

     Las aventuras de un libro vagabundo es un relato enternecedor, preciosista y culto, en el que en primera persona su protagonista, un libro, nos relata su historia, desde que es confeccionado pasando por diversas librerías, varios lectores y escapando, a veces por pura suerte, de la incineración o de la destrucción para reciclaje. Los libros toman vida, adquieren sentimientos, juzgan a sus lectores, y entre ellos conversan de noche en los estantes de las librerías.

     De los diversos lectores que se van sucediendo, el favorito es una lectora, la muñequita: 

   

  "Ya es hora de que sacie vuestra curiosidad por saber cómo se impregnaron mis páginas de crema Ambre Solaire. Muy sencillo. La muñequita se fue de viaje a Grecia para hacer nudismo y broncearse de cuerpo entero. Todos los días me colocaba sobre su sexo para evitar las miradas indiscretas. A veces, cuando estaba bocabajo, me ponía sobre sus nalgas, pero no me complacía tanto."

  

       En definitiva, es una lectura ligera, fabulada, pero para aquellos que amamos los libros, es un puro placer. Por cierto, gracias a él descubrí al leerlo que, contrariamente a lo que pensaba, no soy el único excéntrico que cuando tiene un libro en las manos lo primero que hace es abrirlo por la mitad y olerlo intensamente, con placer, metiendo la nariz hasta el fondo, como una sensual y sagrada comunión entre autor, lector y obra.

4 comentarios:

  1. Oler es un acto intelectual. Lamer es el paso dos, pero no creo que debamos entrar en esas extravegancias librescas.

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    1. Para algunos oler un libro es un acto, no intelectual, sino instintivo, tan instintivo como chupar del pezón materno. El paso dos, y siguientes, mejor dejarlos para otros menesteres distintos de la literatura, que de todo tiene que haber en la viña del señor, que decían los antiguos. Un saludo, Emilio.

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  2. También huelo los libros, y los discos... no debemos ser tan raros.

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    1. Es como un recibimiento, una bienvenida a un objeto del que esperamos nos procure placer. Una salutación a la esperanza. De todas formas, ser raro no me preocupa, estoy seguro que muchos coincidimos en preferir la rareza a la normalidad. Un saludo, Sergio, y gracias por comentar en mi blog.

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