... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

6 de marzo de 2012

Radio-despertador.

   



       Todas las madrugadas éramos sobresaltados por nefastas noticias, falsas o verdaderas, vociferadas con incomprensible energía y tales que parecía que en la mismísima berbería nos encontrábamos, por el descreimiento y la falta de fe y caridad que de ellas se emanaban, obligándonos a todos a sufrir y a pensar en el doloroso tránsito de nuestras familias, de nuestros seres más queridos y obligados. Aquello era tormento peor que el potro y la rueda, aquello convertía en querubines a los agentes del Santo Oficio, pero lo peor con todo eras las noticias que nos indicaban que su propia Majestad era incapaz de librarnos del sufrimiento y la tortura, más aún, que del nuestro sufrir dependía su permanencia en el trono, por lo que además de lágrimas y sangre se veía obligado a exigirnos lealtad y confianza sin condiciones.

     Hace unos meses que he desintonizado las noticias del radio-despertador, y comienzo el día con música. No lo he hecho por melómano, soy un auténtico analfabeto musical, lo he tenido que hacer por salud espiritual, por no levantarme con crisis, con calificaciones de deuda, con promesas imposibles y, sobre todo, con la sensación de que estamos perdidos en la vorágine de una selva desconocida, inexplorada, donde las fieras visten de traje y corbata.

       El ejercicio tenaz y absoluto del pragmatismo es una renuncia, una rendición. Se desiste de la idea, en la tremenda paradoja de perpetuarse en el poder para llevarla a cabo y al mismo tiempo traicionarla para continuar en él. Es el engaño de la socialdemocracia, del eurosocialismo, de la máscara que le ponemos al capitalismo. Pensamos, en su momento, que el estado del bienestar consistía en legislar la beneficiencia y convertirla en un derecho, en lugar de buscar directa y valientemente la justicia social. Es hora de bajarse del rocín de Sancho y volver a cabalgar sobre el Rocinante de Alonso Quijano. Recuperar el idealismo, aunque nos cueste la verguenza de arremeter contra molinos de viento, todo mejor que el conformismo.

       Ahora nos están apretando, y bien, y todavía nos queda por ver lo peor, no sabemos lo que está por venir ni hasta dónde podemos llegar.

      Píldora de pensalina => en el símil del burro y la zanahoria, el burro que más corre es el que más hambre tiene.

     

         Ya cantaba José Menese:

Yo creí que el sol salía
a to' el mundo calentando
y ahora veo que le va dando,
según la experiencia mía,
a algunos calor to' el día
y a muchos de cuando en cuando.


6 comentarios:

  1. Yo hace tiempo que me incliné por el blues, el jazz o la clásica.
    Prescindir de la información es un acto de supervivencia. El ánimo es lo que cae. Prensa: miedo da. Se lee y se arrima uno al desencanto. Informado, jodido. Vale la pena? Mejor un poco de Clapton, esta mańana, mientras preparaba bocadillos pa' los nenes

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  2. Hay mucha maledicencia, interesada por supuesto, e incluso mentiras perfectamente visibles, que se lanzan bajo el paraguas de la sagrada libertad de prensa pero con ningún escrúpulo para el derecho a la información veraz que nos asiste a los ciudadanos. Quizá prescindir de estar informados sea excesivo e incluso desde algún sitio eso se pretende, pero sí es cierto que hay que cribar con esmero a los medios de comunicación. Y como zurdo, no se me escapa que a algunos hay que cribarlos más que a otros. Saludos desde el lado de acá.
    P.D.- Ya terminé Rayuela, cuando se me pase el efecto la reseñaré. Llevabas razón, Cortázar es un virus.

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  3. Leer es el virus, Manolo. Hay que hacer con las lecturas igual que con la riada de información que nos invade: hay que tamizar, mirar con escrúpulo lo que se abre y a qué le dedicamos ese montón formidable de horas que pide como peaje un buen libro. Hay poco tiempo y no es cosa de irlo malgastando en medianías. Hay mucha medianía, en general. Nos vamos haciendo exigentes. De un exigente insoportable, a veces. Al menos yo. No le concedo un minuto extra (últimamente) al libro, disco o película que no me asombra enteramente. Sé que en el fondo no es bueno. Si hubiese hecho esto siempre, me habría perdido cosas estupendas que a lo mejor no son maestras, pero que entretienen y te transportan, ay, a otro sitio. El caso es no estar en éste. Un abrazo, compañero.

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  4. Voy aprendiendo a hacerlo. Como dices, nos vamos haciendo exigentes, pero eso lleva su contrapartida, como don que con generosidad se nos regala con la edad. Voy releyendo libros que hace veinte, veinticinco o treinta años me pasaron por encima y ahora me dan mucho. Y es que en la juventud uno es depredador, devorador de libros, y ahora como dices las cosas se hacen más despacio, se reflexionan. Y de la misma manera que se desecha lo inútil, también se redescubre aquello que en su momento no pudimos extraer entre las páginas. Creo que el resultado en la balanza es positivo. Quizá pesemos menos gramos, pero el material que se pesa es de más calidad. La pena es que esto incrementa notablemente el número de libros que me quedan por leer. No importa, al final todos serán olvidados. No pretendemos llegar, sino ir.

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  5. Mi problema reciente, del que no he salido, es el malestar que me causa no saber en qué lugar instalarme cuando tengo un rato libre. Si en un buen libro (anoche, Carver, regalo de un amigo), si viendo una película (la noche es cómplice en esas cosas) escribiendo (siempre encuentro huecos) o leyendo la prensa. Es curioso: la compro por la mañana y al término del día todavía está sin abrir, en el mueble de la entrada, como pidiendo que le prestes una miaja de atención. No sé. Estoy aterrado por lo corto que es el tiempo. Ahora mismo debería estar preparando unas cosas pa'l cole (ay) y mira en dónde ando. Es domingo. El día del Señor... Del señor uno mismo...

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  6. A veces lo mejor es la huída. Dimitir por un momento, vanalizarlo todo. El día del señor de uno mismo. El parque, o la taberna, o el fútbol, o simplemente nada. Relax y placer, el sueño. El problema es que es difícil mantener ese sueño indolente toda la noche.

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