... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

10 de marzo de 2012

Reseña. Rayuela. Morelli. ( III )







La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo (Et tous nos amours, sollozó Emmanuèle boca abajo), lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar.



     A caballo entre la lucidez y la locura se va pasando la piedrita de un capítulo a otro de la Rayuela. Novela enorme, extraña, desordenada. Cortázar construye una historia casi sin historia, donde el argumento, del que se entra y se sale continuamente, es solo una parte más del decorado. Son los personajes, más concretamente sus personalidades y sus psiquis, la verdadera intrahistoria de la obra.
  
    Leído y no terminado ni comprendido hace muchos años, para mi ha sido uno de esos libros que provocan pena cuando se terminan de leer. En sus páginas el lector puede percibir a la perfección el calor de la estufa que te va secando la ropa mojada, la lluvia en los tejados de Paris o el calor asfixiante y la pérdida de la razón en Buenos Aires, en el otro lado del mundo. 

     Horacio Oliveira, un tanto engreído, es el conductor mental de la obra. La Maga, la causa emocional. Otros personajes más secundarios pero no menos interesantes. Morelli, el escritor, quizá también el autor. El concierto de piano de madame Berthe Trépat y el posterior paseo nocturno por la calles de París es todo un homenaje al desamparo, a la miseria humana y a la hipocresía que se derrocha en ocultarla.

      Los dos últimos escenarios donde se mueven los personajes son un circo y un manicomio. Resulta obvio que este hecho no es casual sino premeditado.









Por eso suplicamos a Dios que nos libre de Dios, y que concibamos la verdad y gocemos eternamente de ella, allí donde los ángeles supremos, la mosca y el alma son semejantes, allí donde  yo estaba y donde quería eso que era y era eso que quería...

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