... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

24 de marzo de 2012

¡Vivan las cadenas!






Hace unos días se ha celebrado el segundo centenario de la promulgación de la Constitución de Cádiz de 1812, del que todos los medios de comunicación se han hecho eco, agrandando la figura del citado texto hasta extremos exagerados, aunque sin hacer especial mención a su importancia y transcendencia real, y mucho menos a cómo fue denostada inmediatamente por la monarquía borbónica tras la Guerra de la Independencia, hasta el punto que de facto prácticamente no llegó a entrar en vigor.

Efectivamente, fue la primera Constitución de la historia de España, tremendamente avanzada para su tiempo y sirvió de modelo para la mayoría de los futuros textos constitucionales en los distintos procesos de descolonización que se producirían en las décadas siguientes.

En mi opinión, no habría sido posible sin la invasión francesa en España, por un doble motivo. Por un lado, se pudo redactar en unas Cortes Legislativas gracias a la vergonzosa abdicación de la monarquía española en  Bayona y que, en el exilio, no pudo reprimirlas; por otro, los ejércitos de Napoleón llevaron consigo por toda Europa, además de la ocupación militar y la guerra, las ideas ilustradas surgidas en la entonces reciente Revolución Francesa, y que empaparían a los liberales españoles, en muchas ocasiones acusados injustamente de afrancesados simplemente por defender la ideología liberal.



En marzo de 1814, tras el Tratado de Valençay, Fernando VII regresa a España como monarca. Entra en el país por Valencia, y allí un grupo de diputados absolutistas le hacen entrega de un documento, "El Manifiesto de los Persas", en el que piden al monarca la derogación de la constitución liberal y la restauración del absolutismo. El 4 de mayo Fernando publica un Decreto en donde declara la Constitución gaditana de 1812 y todos los trabajos legislativos de las Cortes “nulos y de ningún valor y efecto, ni ahora ni en tiempo alguno y sin obligación de mis pueblos y súbditos a cumplirlos y guardarlos.” A partir de ahí se restablecen los privilegios a la nobleza y a la Iglesia y comenzará la persecución de los liberales.




A la entrada de Fernando en Madrid se produce un hecho más o menos espontáneo pero muy significativo. El pueblo desenganchó los caballos de la carroza real y asumiendo su papel en el esquema social absolutista, tiró de ella sustituyendo a las bestias, y recibiendo al monarca al grito de "¡Vivan las caenas!" (El episodio de la carroza pudo ocurrir en Valencia).


El pueblo, esa entelequia donde reside la soberanía nacional y de donde emanan los poderes del Estado. El pueblo, esa realidad, inculto y mal alimentado, doblegado, llevando a hombros y ensalzando a un tirano, dando sostén y prosperidad a unos estamentos sociales privilegiados con su sudor, con su hambre, y cuando ha sido necesario, con su sangre.

Hay que conocer la historia, de ella deriva el presente y de ella depende el futuro que tendrán nuestros hijos. Además de recordar las felices Cortes de Cádiz y del castizo grito de ¡Viva la Pepa!, además de los tirabuzones que las gaditanas se hacían con las bombas de los fanfarrones, hay más historia que recordar. Se hace necesario escarbar el folclore y buscar debajo del polvo depositado por el tiempo y por la indolencia. Doscientos años han pasado y los valores, o parte de ellos, que quería establecer la constitución liberal, siguen pisoteados. Todavía ruedan manifiestos persas por emisoras de radio y cadenas de televisión. Han cambiado los personajes, casi todos. Los hechos se repiten todavía hoy en día. 

Por suerte, nos queda El Roto:





Mañana se celebran elecciones en Andalucía y en Asturias, hoy es jornada de reflexión. Mañana el pueblo está llamado, ignoro si a votar, o a cargar con la carroza.


No hay comentarios:

Publicar un comentario