... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

25 de abril de 2012

Reseña. La broma. Milan Kundera.




    Muy anterior a "La insoportable levedad del ser" (ver publicación), en esta primera novela de Kundera enseguida percibimos una prosa más ligera, menos circular y profunda, más directa también, en la que además la cuestión política contra el totalitarismo comunista es más marcada y evidente.

     A lo largo de la obra esta reivindicación es omnipresente, si bien en su parte central, incluso de forma un tanto aledaña al argumento (¿inmadurez de la trama?), y a través de un personaje a mi juicio no muy justificado en la novela, no bien "enmarcado" en los acontecimientos que se narran, se hacen unas interesantes comparaciones entre el socialismo y el cristianismo. En un primer lugar la reflexión es conscientemente ingenua, dispuesta a justificar a ambos:

"Significa (ser cristiano) renunciar a los intereses personales, a la abundancia y al poder y dirigirse, cara a cara, a los pobres, a los humillados y a los que sufren. ... Las Iglesias no comprendieron que el movimiento obrero es el movimiento de los humillados, de los que anhelan la justicia, de los que suspiran por ella. No tenían interés en preocuparse con ellos y para ellos por el reino de Dios en la tierra. Se aliaron a los explotadores y así le quitaron el movimiento obrero a Dios. ... Lo único que puedo hacer es lamentar la trágica equivocación que alejó al socialismo de Dios."

"Estoy perfectamente convencido de que la línea del pensamiento europeo que parte del mensaje de Jesús, conduce a la igualdad social y al socialismo de un modo mucho más ineludible."
     Pero en breve la situación se invierte, de la utopía compartida de la igualdad y la justicia social se pasa a la tiranía, igualmente compartida, de la anulación total del individuo y de la Razón en beneficio de la consecución de un fin que se desconoce:

"Cuando una persona se entrega a su fe se comporta con humildad y humildemente debe aceptar el castigo, aunque sea injusto. Los humildes serán elevados. Los penitentes serán purificados. Los que son objeto de un atropello, tienen la posibilidad de demostrar su fidelidad. Si usted se enemistó con el grupo al que pertenecía sólo porque la carga puesta sobre sus espaldas era demasiado pesada, entonces es que su fe era débil y no fue capaz de superar la prueba a la que fue sometido.
En su pleito con el partido yo no estoy de su parte, porque sé que en este mundo sólo puede hacer grandes cosas un grupo de personas ilimitadamente entregadas, que ponen su vida humildemente en manos de un fin superior. Usted, Ludvik, no se ha entregado sin límites. Su fe es precaria. ¡Cómo no iba a serlo si su único punto de referencia ha sido siempre usted mismo y su pobre razón!."

"No por el acto que tú eliges, sino por el de aquello con lo que te topas contra tu elección, tu pensamiento y tu deseo, por ese camino has de ir, ahí es adonde yo convoco, ahí es donde has de hacer de aprendiz, ése es tu tiempo, por ahí fue tu maestro..." (Lutero)

     Ludvik, el protagonista, envía a su novia una postal en la que a modo de broma hace unas críticas políticas que marcarán toda su vida. Expulsado del partido y de la universidad, es condenado a trabajar en las minas de Ostrava, ciudad cubierta y sucia por el polvo negro, donde únicamente en el cementerio crecen las flores. Allí conocerá el amor no correspondido. Años después, planteará su venganza seduciendo a la mujer de quien fundamentó su condena. Sólo conseguirá provocar sufrimiento en los inocentes. Fracaso, desencanto.

     Ya encontramos en esta obra la cuestión filosófica del tiempo: el eterno retorno o su recorrido lineal.

El quid de la cuestión estaba en la imposibilidad del retorno. Todas las situaciones básicas de la vida son sin retorno. Para que el hombre sea hombre, tiene que atravesar la imposibilidad de retorno con plena conciencia. Beberla hasta el fondo.
     Existe una angustiosa situación vital, donde sentimos el vacío de un equilibrista que apenas vislumbra el alambre bajo sus zapatillas, pero tiene perfecta sensación del vacío bajo su cuerpo:

A pesar de mi escepticismo me ha quedado algo de superstición, por ejemplo esta extraña convicción de que todas las historias que en la vida me ocurren, tienen además algún sentido, significan algo; que la vida, con su propia historia, dice algo sobre sí misma, que nos desvela gradualmente alguno de sus secretos, que está entre nosotros como un acertijo que es necesario resolver, que las historias que en nuestra vida vivimos son la mitología de esa vida y que en esa mitología está la clave de la verdad y del secreto.
     En un final que es como un domingo por la tarde, Kundera nos muestra que el pasado es irreparable, pero que a la vez el presente no nos pertenece, y que incluso el futuro es igualmente irreparable. Sensación de marioneta para la existencia, como si viviéramos flotando en un río, arrastrados por la corriente, apenas pudiendo luchar para desviar nuestro destino los centímetros imprescindibles para no rompernos contra una roca, pero siempre con la sensación inevitable de la caída en catarata, y el desasosiego de pensar que las aguas seguirán corriendo después de nosotros, que nuestro rastro será el olvido:


... la mayoría de la gente se engaña mediante una doble creencia errónea: cree en el eterno recuerdo (de la gente, de las cosas, de los actos, de las naciones) y en la posibilidad de reparación (de los actos, de los errores, de los pecados, de las injusticias). Ambas creencias son falsas. La realidad es precisamente al contrario: todo será olvidado y nada será reparado. El papel de la reparación (de la venganza y del perdón) lo lleva a cabo el olvido. Nadie reparará las injusticias que se cometieron, pero todas las injusticias serán olvidadas.

     Pero hay otro concepto importantísimo en la trama filosófica en la que nos vemos envueltos. Es el papel que juegan en nuestro destino los otros "yoes" que conforman nuestro entorno, así como los parámetros sociales, políticos e históricos que se conjugan en el tapete donde nos toca jugar nuestra única partida, aquella que ya estamos condenados a perder desde antes que se repartan las cartas:


... por mucho que yo la hubiese amado, por muy única que fuese, era totalmente inseparable de la situación en la que nos habíamos encontrado y enamorado. ..... ¿Qué sería la figura de Hamlet sin el castillo de Elsinor, sin Ofelia, sin todas las situaciones concretas por las que pasa, qué sería sin el texto de su papel, qué sería haciendo abstacción de todo eso? ¿Qué quedaría de ella, más que una especie de esencia ilusoria, vacía, muda?


     Es una especie de perversión del "Yo soy yo y mis circunstancias" de Ortega. Desde este sentido que nos transmite "La Broma" el precepto filosófico se convierte en el "Yo no soy yo sin mis circunstancias", nos desnuda el ego y lo somete a temperatura ambiente. En una última vuelta de tuerca, nos ofrece el "Yo soy yo a pesar de mis circunstancias". En este momento nos hemos convertido en inadaptados, o quizá hayan sido nuestras "circunstancias", ajenas a nosotros al menos en cuanto a voluntad  (la postal escrita a la novia), las que lo hayan conseguido.









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