... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

12 de mayo de 2012

Reseña. El lector de Julio Verne. Almudena Grandes.











Nada es lo mismo. Nada
permanece.
Menos
la Historia y la morcilla de mi tierra:
se hacen las dos con sangre, se repiten.
ÁNGEL GONZÁLEZ, "Glosas a Heráclito".
  


     
     Con estas palabras a modo de preámbulo, que claramente son toda una declaración de intenciones, se nos invita a penetrar en la segunda entrega de la serie "Episodios de una Guerra Interminable", con la que Almudena Grandes pretende homenajear a Galdós e intentar arrancar de una sombra de décadas aspectos de nuestra historia reciente que andan escondidos, tapados de la luz, cubiertos con un paño apolillado, sucio y manchado de sangre.

"… la regla de oro consistía en acatar la voluntad del terror, reducir la vida al mínimo y no hacer nada, no saber nada, no decir nada, mirar sin ver, escuchar sin oir, y no comprender."

     La Guerra Civil española no terminó en 1939, al menos no en toda España. En las zonas más montañosas se prolongó, durante más de una década, en una desigual lucha de guerrillas que condicionó la vida en el campo, en cuyos senderos se aplicaba sin piedad la famosa Ley de Fugas; en los pueblos, llenando sus calles de miedo, de terror, pero también de actos de valentía, de grandes y también de pequeños pero a la vez más grandes signos de insumisión que son un valor en sí mismos, y que la escritora destapa para nuestro deleite y, sobre todo, nuestro asombro.

     "El papel de la reparación (de la venganza y del perdón) lo lleva a cabo el olvido. Nadie reparará las injusticias que se cometieron, pero todas las injusticias serán olvidadas". Esta terrible sentencia la encontramos en la recientemente reseñada "La Broma", de Milan Kundera. Pero en su contra Almudena Grandes aporta una reparación histórica a aquellos hombres y mujeres que padecieron la represión y lucharon contra ella, intentando evitar el olvido.


     "Lo que quiero explicarte es que la verdad es toda la verdad, y no sólo una parte. La verdad es lo que nos gusta que haya sucedido y, además, lo que ha sucedido aunque nos guste tan poco que daríamos cualquier cosa por haberlo podido evitar. …., hasta las personas más valientes, las más justas, las más honradas, interpretan la realidad de acuerdo con sus propias ideas sobre lo que es bueno y lo que es malo, lo que desean, lo que temen, lo que creen, lo que detestan. Y al hacerlo, fabrican su propia verdad."

      El lector de Julio Verne contiene todas las características de la literatura de Almudena Grandes: está escrita con una prosa intensa, rápida, que a veces hay casi que perseguir para que no se escape, y que provoca que lleguemos al final de cada capítulo exhaustos. Argumentalmente es casi lineal, y su única complejidad estriba en el gran número de personajes. A lo largo de ella se destila una gran pena, no sé si por la sensación de inutilidad de tanta lucha, de tanto esfuerzo, para que al final una huída al exilio sea lo único que podamos considerar una victoria, conscientes de que en realidad es una rendición por agotamiento.


     "Así, la leyenda de Cencerro se escurrió sin remedio, para lo bueno y para lo malo, por el canalillo del escote de Isabel, un esplendor que al menos devolvió una efímera malicia a las sonrisas apagadas de quienes no tenían más remedio que conformarse con una paz que no era más que otra derrota, un fracaso menor y sin embargo más cruel tal vez que el primero, porque era el último, el definitivo."


     Pero además del sentido histórico, político, del argumento, hay otro transfondo en esta obra que me interesa destacar. Es el papel de la cultura, de la lectura, y su necesidad para la formación de la persona como tal. El protagonista, un niño de 9 años que vive en un cuartel de la Guardia Civil en un pequeño pueblo de Jaén, se aficiona a las novelas de aventuras y esta afición condicionará su vida respecto a lo que se esperaba de él.


     "Me enseñó poemas y romances, canciones y letrillas, refranes y adivinanzas, y muchas palabras en muchos idiomas distintos pero, sobre todo, me enseñó un camino, un destino, una forma de mirar el mundo, y que las preguntas verdaderamente importantes son siempre más importantes que cualquiera de sus respuestas."

     Sin embargo este tema no transciende del todo la trama política de la obra. En cierto sentido se reivindica un papel más importante de la cultura en el bando republicano que en el rebelde. Para ello, la autora refiere una pequeña e insulsa novela rosa, Cristina Guzmán, profesora de idiomas, de la falangista Carmen de Icaza, una obra que alcanzó una enorme popularidad y difusión en las trincheras del ejército rebelde, mientras en las trincheras de enfrente, el Ejército Popular de la República Española repartía entre sus soldados ediciones de bolsillo de, precisamente, los Episodios Nacionales de don Benito Pérez Galdós.


     En mi opinión esto es cierto, pero no del todo. Efectivamente siempre se le ha adjudicado una cierta cultura a la izquierda política, pero hay que aceptar que otras opciones democráticas, como las liberales o las de derecha, no carecen tampoco de sostento intelectual. Incluso el nazismo alemán tuvo importantes aportes ideológicos de gran fundamento. No fue así, sin embargo, con el fascismo español, carente de cualquier status mental, creado en el ardor de las salas de bandera de los cuarteles, con una gran tradición golpista, y con el único apoyo escrito de los misales en latín, que con toda seguridad nadie entendía.



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