... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

3 de junio de 2012

Albert Camus, el hombre absurdo.




"Juzgar si la vida vale o no vale la pena de vivirla es responder
 a la pregunta fundamental de la filosofía"

El mito de Sísifo.
ALBERT CAMUS.





 

   La historia del Sr. Meursault me resultó un tanto decepcionante cuando la leí por vez primera. En la pequeña novela "El extranjero", de Albert Camus, se nos narra la vida de un personaje corriente, de existencia fútil. Por circunstancias que le son ajenas, se ve envuelto en una riña y comete un asesinato. Es detenido, juzgado y condenado. Como digo me pareció un relato casi vulgar, en el que únicamente conseguí vislumbrar una crítica social en el hecho de que la condena parece estar motivada más por el comportamiento socialmente inadecuado del protagonista que por el propio crimen cometido, que deviene casi en secundario. Había sin embargo en la obra algo inusual, que se escapaba y se percibía como de perfil: argumentalmente era monótona. Tal y como estaba escrita, el acto de calentar un plato de comida gozaba de la misma importancia en el desarrollo de la trama que el de matar a un hombre.

     Todo aquello me pareció extraño para un escritor que en 1957 había obtenido el Premio Nobel de Literatura «por su importante producción literaria, que con una seriedad clarividente ilumina los problemas de la consciencia humana en nuestra época», y en su día reconozco que no fui capaz de desentrañarlo. Hoy veo aquí la prueba de cuán engreídos somos cuando pretendemos tener conocimiento de algo que nos queda grande, olvidando que lo único verdaderamente grande es el tamaño de nuestra ignorancia. Y he aquí que recientemente ha caído en mis manos el ensayo de Camus "El mito de Sísifo", que me ha servido como base para comprender el mensaje oculto en "El extranjero", el  verdadero sentido de la vida del señor Meursault, de su historia sencilla y que sin embargo oculta una profunda teoría filosófica para aquellos lectores menos incautos que yo, que sean capaces de leer con los sentidos abiertos y dejarse empapar por la obra, en lugar de protegerse de ella: la filosofía del absurdo.

     Para un ateo intelectual como Camus (el tercer sacrificio exigido por Ignacio de Loyola, el que más alegra a Dios, es "El sacrificio del Intelecto") no hay ninguna justificación para la existencia, todo carece de sentido. El destino último del hombre se encuentra contenido en la nada. La conciencia no nos sobrevive. Enfrentado a este terrible vaticinio, el hombre inventa a dios, como Nietzsche, a su imagen y semejanza. Pero para ello tiene que renunciar a su libertad y al conocimiento de su sino, que es el absurdo.

     Todo esfuerzo es vano, ningún sacrificio será recompensado. No existe una causa última por la que merezca la pena siquiera hacer un mínimo movimiento buscando la comprensión. El hombre lógico, como Meursault, carece de valores y de sentimientos, es absolutamente indolente y ajeno a su propio mundo, que le es indiferente. Vive porque no le es dado hacer otra cosa; no juzga, no opone resistencia, se deja arrastrar como arrastra el agua del arroyo las pequeñas hojas que caen en su cauce.  

     "Cuando rió, tuve nuevamente deseos de ella. Un momento después me preguntó si la amaba. Le contesté que no tenía importancia, pero que me parecía que no. Pareció triste."


     Ahí es donde, en contraposición a esa indolencia, nace "el hombre absurdo", armado únicamente con un pensamiento que se niega a sí mismo en cuanto afirma, ¿qué condición es ésta en la que no puedo conseguir la paz sino negándome a saber y a vivir, en la que el deseo de conquista choca con muchos que desafían sus asaltos? Querer es suscitar las paradojas. Todo está ordenado para que nazca esa paz empozoñada que dan la indiferencia, el sueño del corazón o los renunciamientos mortales. 

     Para Camus, "una de las únicas posiciones filosóficas coherentes es la rebelión. Es una confrontación perpetua del hombre con su propia oscuridad. Es exigencia de una transparencia imposible. Vuelve a poner al mundo en duda en cada uno de sus segundos. Y esa dolorosa y consciente rebelión, "extendida a lo largo de toda una existencia, le restituye su grandeza. Para un hombre sin anteojeras no hay espectáculo más bello que el de la inteligencia en lucha con una realidad que la supera".

     ¿Qué es, entonces, lo que empuja al ser humano hacia lo absurdo, hacia el intento de comprender aquello que se sabe incomprensible? Podemos pensar, en un sentido clásico, que es la búsqueda de la felicidad. Sin embargo, para la filosofía del absurdo, no es otro el objetivo que la libertad:

     "El último esfuerzo de estos hombres emparentados, creador o conquistador, consiste en saber liberarse también de sus empresas: en llegar a admitir que la obra misma, bien sea conquista, amor o creación, puede no ser; en consumar así la profunda inutilidad de toda vida individual." ( .... ) "Fuera de esa única fatalidad de la muerte, todo lo demás, goce o dicha, es libertad. Queda un mundo cuyo único amo es el hombre."







     Meursault es el "hombre lógico", pero su lógica es estéril. Sísifo es el "héroe absurdo". Eternamente atormentado, condenado hasta el fin de los tiempos a cargar con su destino, en el fondo de su desgracia es superior a éste, es más fuerte que la roca que empuja eternamente. El esfuerzo absurdo de comprensión o de conocimiento es fértil, pero amargo: hace al hombre libre y dueño de su destino, pero le muestra su cruel soledad, lo planta frente a la nada y le enseña que es poseedor únicamente de un futuro vacío.






     Epílogo.

 

     Mi lectura es caótica. Unos libros me llevan a otros, o me traen otros del pasado. Cada vez estoy menos convencido de ser yo el que elige. En "El mito de Sísifo" Albert Camus termina hablando brevemente de Kafka. Para el autor, "todo el arte de Kafka consiste en obligar al lector a releer". Siento cada vez más cercano e inevitable el encuentro con el escritor checo,  cada vez más inaplazable. Presiento que pronto seré atormentado por él.




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