... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

5 de junio de 2012

Chuang Tzu. Parábola.

    

     Hoy quiero traer a colación al blog algo ligero, una parábola propuesta como un ejercicio para pensar un poco, sin agobios, sin grandes cuestiones incontestables. En estos días en que visitar la página de la Aemet es como leer un horóscopo premonitorio de tormentos, en estos días en que el termómetro va dando indicios de que en breve impondrá su tiranía sin comiseración alguna, hay que seguir dándole vueltas a la neurona, aunque sea por puro entretenimiento:  " E pur si muove".

     El breve texto que voy a copiar está extraído de un curioso y divertido libro de Pedro González Calero titulado "Filosofía para bufones":


Chuang Tzu fue un fi­ló­so­fo chi­no del sig­lo IV a.C 


Chuang Tzu cu­en­ta también la si­gu­i­en­te his­to­ria, don­de se in­si­núa que muc­has de nuestras desg­ra­ci­as tal vez se­an con­se­cu­en­cia de nuestra es­tu­pi­dez, de no sa­ber en­ten­der bi­en la na­tu­ra­le­za de las co­sas. Porque a veces es co­mo si no­sot­ros mis­mos provocáramos aquello que más te­me­mos:
    «Había una vez un homb­re que te­nía miedo de su somb­ra y que re­ne­ga­ba de sus hu­el­las; qu­iso hu­ir de el­las, pe­ro cu­an­to más cor­ría, más hu­el­las iba de­j­an­do, y por muc­ho que cor­ri­era su somb­ra no se se­pa­ra­ba de él; en­ton­ces, cre­yen­do que el prob­le­ma es­ta­ba en que no cor­ría lo bas­tan­te deprisa, cor­rió lo más ve­loz­men­te que pu­do y no pa­ró de cor­rer has­ta que mu­rió ago­ta­do. Aqu­el homb­re ig­no­ra­ba que po­ni­én­do­se a la somb­ra, la somb­ra de­sa­pa­re­ce, y que per­ma­ne­ci­en­do en quietud no se de­j­an hu­el­las».




4 comentarios:

  1. Bendita casualidad. El azar en su laberinto. La forma en que la realidad nos conduce a donde la place. Anoche pensé en esto, en la parábola, que Borges cita en alguna parte. Tengo el libro (librito) de Glez. Calero (Círculo de Lectores) y lo voy a releer. A la sombra se está mejor, Manolo. Empieza el verano. Un abrazo pre-estival.

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  2. No son pocas las lecturas que nos llegan por casualidad, que el azar nos trae o nos vuelve a traer. Y a éstas, como casi a ningunas, no conviene despreciarlas. Ignoramos quién gobierna este devenir misterioso, esa incógnita a la que es difícil poner nombre.
    No soporto el verano, pero igualmente otro abrazo para tí.

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  3. Yo tampoco lo soporto, salvo por la necesaria parada laboral. El calor me aturde. Yo me estimulo con el frío, amigo. Borges está ahí (una vez más) para ser repensado en el venidero julio. Es una tarea que me he puesto. Leer todo Borges otra vez.

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    1. El problema de Borges es que no es necesario releerlo. Basta hojear por pura casualidad alguno de sus libros de cuentos para sentir una irresistible necesidad de pararse a leer el principio, y a continuación ser incapaz de dejar un relato tan breve. Tan breve, pero tan hondo que nos dejará todo el día pensando. Es el maestro. Hay que mantenerlo oculto. Como un Aleph, en el sótano.

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