... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

30 de junio de 2012

Reseña. Alcazaba. Jesús Sánchez Adalid.



     La novela histórica, tan de moda hoy en día, es un género de escritura que debo reconocer es muy de mi agrado. Admitiendo incluso una menor calidad literaria con carácter general, si no es muy notoria se compensa sobradamente con la solidez de sus escenarios y personajes. No hablamos aquí de esas novelas comerciales que últimamente pululan casi a granel por librerías y kioskos y que se limitan a situar una trama de ficción en escenarios más o menos históricos, con escasa calidad y menor rigor histórico aún. Eso no es novela histórica, sino comercial. En alguna de las entradas a este blog ya se ha hablado de ello. En lugar de vender la literatura que se escribe, se escribe la literatura que se vende. Y eso no es bueno.

     Pero no es el caso cuando hablamos de Jesús Sánchez Adalid. Conocí su obra con "El Mozárabe", monumental trabajo de deliciosa lectura. "Alcazaba" es sin duda menor respecto a aquel, pero cumple sobradamente los requisitos exigibles a este género literario: punto justo de ficción que actúa como lubricante para introducirnos en un espacio y tiempo históricos bien construidos, demostrando un vasto conocimiento que es lo que, por encima de la trama novelesca, se pretende difundir.





Hay épocas en las que pareciera que todo se deshace a un tiempo; en las que, observando el mundo y la vida de los pueblos, se diría que Dios favorece a unos más que otros. Como cuando miró con agrado a Abel y su ofrenda, pero no a Caín y la suya; por lo que se ensañó este en gran manera y decayó su semblante y acabó matando a su hermano Abel. Son épocas en las que los hombres se ven como despojados de sus esperanzas y arrojados en poder del miedo y del odio, abandonados por el auxilio de los ángeles y, desaparecidas sus ilusiones y sus deseos de paz y felicidad, se cerniera sobre ellos una densa oscuridad... Entonces, hermanos míos, es cuando se da rienda suelta a la guerra... ¡El mayor de los males!

     Estas hermosas y sabias palabas, que Sánchez Adalid pone en boca del Abad de Cauliana, monasterio cristiano cercano a Mérida, nos dan una idea de qué trata la obra. Primeras décadas del siglo IX. En la capital de la Lusitania, la antigua Mérida Augusta, se suceden las revueltas contra el emirato de Córdoba, del que forma parte. El origen del descontento se haya en los excesivos impuestos que Abd ar-Rahmān II exige a sus pobladores. Teniendo en cuenta que en general en Al-Ándalus se permitía a cristianos y judíos conservar su fe y sus bienes a cambio del pago de la Yizya, o Capitación, cabe suponer que la población no musulmana de la ciudad debió ser de gran importancia.





    La Edad Media es un período que se extiende durante más de un milenio: desde la caída de Roma hasta el reinado de los Reyes Católicos, y que se nos ha disfrazado siempre de oscuro e incluso de poco importante. Afortunadamente este sentimiento parece estar cambiando entre los historiadores, que ahora admiten que se trata de un período oscuro por poco estudiado, pero tremendamente interesante, y que está suponiendo un cambio o actualización en la historiografía.
  
     Y eso es lo que nos muestra esta novela y por lo que es valiosa: una sociedad muy compleja, formada por numerosos grupos (árabes, beréberes, dimmíes judíos y cristianos, muladíes...), con sus correspondientes caudillos o jefes, tanto civiles como religiosos. Una cierta convivencia no basada en la idílica e ingenua idea de la tolerancia, sino en la de los intereses comunes. Una convivencia que puede romperse y cambiar de sino en cualquier momento y por el motivo más nimio.

  

     En definitiva, tenemos entre las manos una pintura, un retrato bastante fidedigno, de cómo pudo ser la sociedad en los territorios de Al-Ándalus durante la mayor parte del medievo en la Península Ibérica. Todo un lujo, que se dice.







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