... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

21 de julio de 2012

Reseña. El Proceso. Franz Kafka.







     Cualquiera que haya leído a Kafka, o que al menos haya oído hablar de él, sabe que adentrarse en su lectura supone penetrar en un mundo extraño, absurdo y deforme, pero no tanto como para no percibir inquietantes referencias de verosimilitud con respecto a la realidad. A poco que se reflexione entre sus páginas, el lector podrá advertir que es común a todos los hombres el error de suponernos siempre cuerdos.

     Es posible que Kafka no intente siquiera explicar la realidad desde el absurdo, sino hacernos patente que puede ser tan compleja que nos resulte imposible entenderla y que, seamos o no conscientes, en  muchas ocasiones nos supera. Este puede ser su tremento y descorazonador mensaje, el que se esconde detrás de la historia de Josef K., el mismo que ocultaba la imposible transformación de Gregor Samsa en La Metamorfosis. Un destino inexplicable e invencible, que nos conduce inexorablemente a la tragedia.


Lo visible.


     En ambas obras el hecho inverosímil ocurre de repente, de forma inesperada. Al despertar una mañana cualquiera. Samsa se ha converdido en insecto; K. es arrestado sin que pueda conocer la razón. A partir de este momento la realidad se ha deformado y son los hechos, y no la razón, quienes justifican los actos de los personajes y las relaciones entre ellos, superados por los acontecimientos.

 

 

Lo desconocido.


     La tragedia de K. es que no sabe quién ordena su arresto ni qué autoridad ejecuta el proceso judicial, ni de qué delito está acusado. Cuando en un momento determinado plantea su defensa, se da cuenta aterrorizado de que para defenderse de lo que desconoce tendrá que describir su vida completa, justificar la totalidad de sus actos. Es una empresa imposible. De hecho, es intrascendente que sea o no inocente. K. podría perfectamente ser culpable, estaría igualmente indefenso e irremediablemente condenado.

 

 

Lo oculto.


     Es la parte más inquietante. Las relaciones entre los personajes son, o bien de indiferencia y despreocupación, o bien claramente interesadas. Son distantes y formalistas, y a menudo ambiguas, lo que hace pensar en ocasiones que están actuando. Ese es el pánico. Es posible que el entorno forme parte también del proceso. Es decir, el proceso es la condena en sí mismo. Es un anacronismo evidente: la sentencia está dictada antes que la acusación, y la ejecución de la misma es, en cierto modo, una liberación, casi como una absolución.







     En "Shadows and Fog", película de Woody Allen, éste coincide con una mujer que, arrepentida de haber ganado una considerable cantidad de dinero prostituyéndose, le hace el encargo de entregarlo como limosna en la iglesia. Cuando entra en la sacristía, encuentra al sacerdote junto con un policía o militar que están elaborando una lista secreta de personas, de la que lo borran cuando reciben el espléndido donativo. Poco después, se topan con una mujer necesitada y deciden pedir al cura la devolución de la mitad del dinero. Tras discutirlo, consienten en hacerlo, pero vuelven a anotarlo en la misteriosa lista.

     Estoy convencido de que el universo que Kafka crea en "El Proceso" no es simplemente una distopía, una sociedad inventada. Es un reflejo distorsionado, absurdo y deforme, pero un reflejo que tiene su origen en un universo real. Desconocemos en qué listas estaremos incluídos (o excluídos), quiénes nos vigilan y con qué objeto, pero podemos estar seguros que en algún despacho, en alguna sala de juntas, alguien determina, en cierta manera, aspectos de nuestra vida cotidiana que nos llevan a decisiones que aparentemente tomamos en libertad, al igual que aparentemente todos nosotros, incluso los locos, nos figuramos que estamos cuerdos.



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