... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

15 de septiembre de 2012

La verdad de Lázaro.



     "La verdad, Lázaro, es acaso algo terrible, algo intolerable, algo mortal; la gente sencilla no podría vivir con ella. (.....) Yo estoy para hacer vivir a las almas de mis feligreses, para hacerlos felices, para hacerles que se sueñen inmortales y no para matarlos. Lo que aquí hace falta es que vivan sanamente, que vivan en unanimidad de sentido, y con la verdad, con mi verdad, no vivirían. Que vivan. Y esto hace la Iglesia, hacerlos vivir. ¿Religión verdadera? Todas las religiones son verdaderas en cuanto hacen vivir espiritualmente a los pueblos que las profesan, en cuanto les consuelan de haber tenido que nacer para morir, y para cada pueblo la religión más verdadera es la suya, la que le ha hecho."

San Manuel Bueno, mártir.
Miguel de Unamuno.




     La tortura de la razón contra la seguridad de la fé. La libertad contra la aparente felicidad de la indolencia, de la seguridad que ofrece el rebaño.



     "La verdad os hará libres" (Juan, 8:32). Con esta frase Jesús obvió que a la felicidad quizá se llega a través de la inacción intelectual. Su Iglesia, en cuanto se romanizó y Paulo la estructuró formalmente, se dio cuenta que no necesitaba hombres libres sino sencillos y resignados, y les ocultó la verdad.

     Dos estados contradictorios, y a la vez complementarios. La búsqueda constante de la verdad lleva a Alonso Quijano a la locura; la simplicidad del escudero le aporta la seguridad de mantenerse en la retaguardia siempre, a cambio de su renuncia a cualquier asomo de razonamiento. A ambos les disculpa su tremenda ingenuidad, pero el lector es incapaz de vislumbrar cuál de los dos es más inteligente.

     Lo único que nos enseña la brevísima novela (o nivola) de don Miguel es la imposibilidad de conocer lo que realmente cree o deja de creer una persona, incluso respecto a uno mismo. La verdad, siendo única para cada individuo, rara vez conduce a la felicidad. Esta únicamente podemos encontrarla en las cosas más sencillas, en aquellas que a veces no nos dignamos a mirar siquiera, engreídos en pensamientos que, quizá, sólo quizá, sean demasiado elevados para sernos útiles. El lago oculta en su fondo una aldea sumergida. La noche de San Juan hay quien escucha los goznes de las campanas anegadas. Es posible que únicamente aquellos  que quieran y tengan la voluntad de oirlas.




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