... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

23 de septiembre de 2012

Sierra de Cazorla. Apunte crítico.





Sierra de Cazorla. Inmediaciones Hotel Coto del Valle. Septiembre 2012.



     Este joven y hermoso ejemplar de ciervo, que posa para los turistas de forma casi afeminada, está donde no debería. Seguramente desde muy pequeño aprendió de su madre a perder el miedo al hombre y acercarse a los hoteles y restaurantes como una forma de conseguir alimento con poco esfuerzo. Se produce así un intercambio que únicamente en apariencia es beneficioso para el animal y para el ser humano, pero que en realidad perjudica a ambos e, indudablemente, a la conservación del parque natural.

     ¿Cree alguien que este animal estará en condiciones de competir por el harén de hembras frente a los otros machos, curtidos para la supervivencia en los lugares más recónditos y escarpados de las montañas? El celo, o berrea, está próximo, y cuando resuene por toda la Sierra en el frío aire del otoño el choque de las cornamentas, él estará abajo en el valle, alimentándose de los restos de comida que los hombres le arrojan, quizá ajeno al instinto de perpetuar sus genes.


     No me es posible compartir ni entender la costumbre que para atraer clientes utilizan restaurantes y bares de facilitar alimento y así hacer que bajen animales a pie de carretera. Es una desnaturalización de la fauna que constituye la mayor riqueza del Parque Natural y lleva a la Sierra a personas que no siempre comprenden la necesidad de respetar escrupulosamente este enorme ecosistema. Y combatirla sería tan fácil como prohibir dar de comer a los animales, si no es que está prohibido ya y simplemente no se cumple, al igual que se ha prohibido la acampada o se colocan barreras y cadenas en los caminos para impedir el paso de vehículos.

     ¿Quiere usted ver animales, señor visitante? Levántese con el sol y cálcese unas buenas botas. Escoja un sendero y aprenda a observar con la certeza de que el primer observado es usted. Ellos no se pararán para que les fotografíe, pero cada vez que, furtiva y fugazmente, atisbe alguno durante un precioso y brevísimo instante, antes de que emprenda la huída, sentirá que le ha sido desvelado un gran secreto del bosque y que al mismo tiempo ha respetado la libertad y la independencia que estos seres, sin duda, merecen y que les es imprescindible para su supervivencia en estado salvaje, como los que puede ver a continuación:















     Este tesoro también puede ser tu tesoro; basta que lo aprecies. Si te emociona el júbilo de un carbonero que juguetea entre las ramas nevadas de un pino en un radiante día de invierno, si esperas sigiloso el encuentro siempre fugaz con un ciervo o muflón en alguna nava a la fría luz del amanecer, si te reconforta el ánimo el olor a bosque que desprende el boj en alguna umbría, si te sosiega el espíritu perder el tiempo bajo algún pino para escuchar el viento en su copa, entonces, no lo dudes, éste también es tu paraíso. Pero por favor, cuídalo; que tu paso por él sea ligero, nunca más profundo que la huella de tus botas.

Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas.
Guía del excursionista.
Enrique Marín Fernández










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