... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

21 de diciembre de 2012

Del origen de la fiesta de Navidad.






La Anunciación de los Pastores. Roberto Laplaza. 1869.





     Y el ángel les dijo: "No temáis; porque he aquí que os doy una buena noticia, una alegría grande, que lo será para todo el pueblo: Que hoy os ha nacido un Salvador, que es Cristo Señor, en la ciudad de David. Y ésta será vuestra señal: hallaréis una criatura envuelta en pañales y reclinada en un pesebre".

Lucas, 2, 10-12.







     Llegan los días en que, efectivamente, la grey cristiana tiene motivos para alegrarse. Conmemoran el nacimiento de su salvador, el pastor que les conducirá por caminos seguros a través de este valle de lágrimas, hasta llevarlos a los felices e inagotables pastos de la eternidad, donde la hierba siempre es verde y el agua corre fresca e inacabable por cristalinos cauces infinitos.

     Oveja displicente, insatisfecho con la promesa de pasto y agua, yo me pregunto si ésto ha sido siempre así, y parece ser que no. O mejor dicho, parece ser que sí, que siempre ha sido así, incluso desde antes del nacimiento de Jesús. Es posible que la navidad la inventara el primer hombre que elevara su mirada y su curiosidad hacia las estrellas.

     Se sabe que los primeros cristianos no tenían una celebración ni una fecha específica para conmemorar el nacimiento de Jesús, que no formaría parte de las fiestas religiosas hasta el siglo IV. Su origen se encuentra en la obligada "cristianización" de las fiestas paganas tras la conversión del Imperio, concretamente de la Saturnalia romana, entre el 17 y el 24 de diciembre y que culminaban el día 25 con la celebración del nacimiento de Saturno, hijo del Cielo (Caelo) y de la Tierra (Tellus). En aquellas saturnalias era costumbre comer y beber sin moderación, además del intercambio de regalos como exaltación de la amistad, colocar en las puertas de las casas coronas de flores y adornar un árbol colgando de él frutas y motivos alegóricos referidos al dios Sol. Por otro lado, y no es cuestión sin importancia, al hacer propias estas celebraciones el cristianismo se dota de una deidad femenina relacionada con la Maternidad, encarnada en este caso en María, la madre de Jesús, y de la que hasta ese momento carecía, en contraposición con la mayoría de creencias religiosas que le eran contemporáneas.

     Podemos retrotraernos más todavía. Mitos similares (cuando no el mismo adaptado a la civilización dominante) son el egípcio, el Baal de los Caldeos o el más antiguo todavía (2600 a.C.), el Tamuz de la mítica Babilonia, concebido por su madre Semiramis, la "Reina del Cielo", sin pérdida de su virginidad. Y todas estas mitificaciones relacionadas con la natividad tienen un mismo tronco raíz.




Semiramis, virgen, amamantando a su hijo Talmuz.
El simbolismo cristiano es asombrosamente evidente.




     Cuando el hombre se constituye en sociedades más o menos estables, comienza a usar la observación para dominar el entorno en su favor. No tarda en darse cuenta de los ciclos estacionales, y pronto será capaz de predecir el momento del año en que el día comienza a ganarle terreno a la noche, es decir, el Solsticio de Invierno. Y sabido es que el ser humano tiende a sacralizar todo aquello que no es capaz de explicar, y en consecuencia no tarda en "divinizar" de alguna manera este momento en que se materializa la victoria de la luz sobre las tinieblas, del dios Sol frente a la oscuridad de la noche. Posiblemente el verdadero origen de la navidad sea tan antiguo como lo fueron las primeras civilizaciones humanas.


     Cuando en estos días levantemos la copa para brindar con la familia o con los amigos, cuando recibamos o demos un regalo, y por encima de cualquier consideración religiosa, comercial, tradicionalista o de cualquier otra naturaleza, podemos creer que estamos perpetuando un rito cabalístico y ancestral que surgió casi al mismo tiempo que la humanidad. No es mal tema para reflexionar en estas fechas. Feliz navidad. Consolémonos celebrando la imaginaria venida de aquellos que cita el evangelista:



Saturnalia romana.



"los que no fueron engendrados de la sangre
ni del querer de la carne
ni del querer del varón,
sino de Dios."

Juan 1, 12.






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