... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

1 de diciembre de 2012

La Institución Libre de Enseñanza. Apuntes.




"Si hay un bien químicamente puro, ese es la educación. Si hay una ambrosía y un néctar para los mortales, es la educación. Los beneficios mayores --la libertad, la paz, la justicia, la igualdad-- nos vienen por ella. No existe manjar más sabroso ni oro de más quilates. Y ninguna cosa nos conviene más. La necesitamos a torrentes, a diluvios. La labranza de esta miel inmaterial es nuestro destino. Todos tenemos la misma cosa que hacer: educarnos."


     Las palabras que preceden no son mías, como prontamente habrá deducido el lector por su belleza y por su profundo significado. Pertenecen a un  artículo de María del Carmen Gil, directora del Departamento de Educación de la Universidad de Córdoba titulado Sin más armas que las razones. (Diario Córdoba, 30-11-2012).

     Esa concepción humanista de la educación como un valor intrínseco y sustancial a la persona, en contraposición al concepto educativo como mera transmisión de conocimientos no es algo nuevo, sino que como todas las cosas tiene su origen y su evolución histórica que merece la pena conocer para justificar su actualidad como objetivo por el que luchar no sólo desde las aulas, sino desde toda la sociedad.


 
     En 1875, bajo el reinado de Alfonso XII y siendo presidente del Consejo de Ministros don Antonio Cánovas del Castillo, se publica el "Decreto Orovio", así conocido por ser su impulsor don Manuel Orovio Echagüe, Ministro de Fomento. Este texto legal supone en España la suspensión de la libertad de cátedra "si se atenta contra los dogmas de fe", y causa la separación de muchos intelectuales de la Universidad, por ser contrarios a la introducción de dogmas religiosos, morales o políticos en la enseñanza. Estos intelectuales, encabezados por don Francisco Giner de los Ríos, fundarán el 29 de octubre de 1876 en Madrid la Institución Libre de Enseñanza.

     A finales del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX, siete de cada diez españoles no sabe leer ni escribir. Cuando las ciudades más importantes se van industrializando, el salario de un obrero es insuficiente para garantizar la subsistencia diaria. El trabajo infantil aleja a los niños del sistema educativo, en manos religiosas casi en su totalidad, y que únicamente alcanza a las familias más pudientes y a la burguesía. En el campo, donde vive casi el 70 por ciento de la población, la situación es todavía peor. Allí el salario de un jornalero es un tercio que el de un obrero de la ciudad. La educación está en manos de maestros mal pagados, y los niños abandonan la escuela casi en su totalidad antes de adquirir un mínimo nivel de alfabetización. Mientras, desde los confesionarios y los púlpitos de las iglesias los curas, bien lustrados por los caciques y terratenientes rurales, predican la necesaria resignación cristiana y demonizan cualquier movimiento de lucha o sindicación laboral.

     En este contexto, la Institución Libre de Enseñanza nace totalmente independiente del Estado, del que nunca recibirá ni solicitará subvención alguna y del que jamás instará la homologación de sus títulos académicos, y pretende una formación total de la persona. Podría decirse que es una adaptación liberal del humanismo renacentista. Por su Residencia de Estudiantes pasarán los mejores intelectuales del siglo XX: Dalí, Lorca, Buñuel, Ortega, y una larga lista que incluye incluso a Albert Einstein. De ella saldrá, o en ella germinará la Generación del 27. Citaré como ejemplo para justificar su luminosa actualidad un texto de la Institución que bien podríamos haber leído en cualquier periódico hace tan solo unas semanas:

"La separación de sexos en la enseñanza es, precisamente, lo contrario de lo que acontece en la vida cotidiana. En ésta los niños de uno y otro sexo juegan juntos, conviven en familia y se relacionan con naturalidad. ¿Por qué entonces distorsionar de tal modo en la escuela lo que es absolutamente natural fuera de ella? El hacer del otro sexo algo distante y separado en el momento escolar contribuye a proporcionar una visión unilateral y viciada de la vida y de la humanidad y a dificultar la fluidez en el entendimiento entre dos mentalidades históricamente distintas. Además, tal separación es discriminatoria para la mujer y moralmente hipócrita."


     Si bien en un principio la acción educadora se limita a los niveles universitario y secundario, pronto comprenden la necesidad de extender su acción a la escuela primaria y, fundamentalmente, al entorno rural.  Así nacen, en el mismo año de proclamación de la II República, las Misiones Pedagógicas, que acercan la educación y la cultura a las zonas más aisladas de la nación. Con independencia de estas misiones e incluso de la propia institución, es justo señalar que entre 1931 y 1936 se encuentra la época en toda la historia de España en que un gobierno haya invertido más en educación.

     Por desgracia, otra vez la intolerancia y la sinrazón se cruzarán para cortar de raíz el progreso social, impidiendo que esa inversión diera fruto. El alzamiento militar protagonizado por el General Franco en 1936, el último espadón de la historia de España, vino de nuevo a suprimir la libertad de cátedra, entre todas las demás, y a reinstaurar una vez más el totalitarismo político, el nacionalcatolicismo heredado de Isabel de Castilla y la cortedad de miras, y en lugar de en una escuela, convertir a España en un cuartel. Los integrantes de la Institución Libre de Enseñanza, como muchos de los maestros republicanos y los estudiantes de la residencia, en su mayoría, se exilian. Pero dejan plantada una semilla en esta sociedad aparentemente indolente. Las palabras de María del  Carmen Gil, el artículo con que he comenzado esta entrada, son la prueba de que esa semilla promete germinar, son un llamamiento a la defensa de la educación, que pasa por la concienciación de que la escuela y la vida son, han de ser, la misma cosa.





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