... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

26 de agosto de 2012

Sensualidad mística.




Gian Lorenzo Bernini. Éxtasis de Santa Teresa.


<< Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento. >>

Libro de la Vida.
Capítulo 29.3
Teresa de Jesús.



Detalle de la escultura.





18 de agosto de 2012

La hija de la Canela.





"Se puso el sol. Tras el breve crepúsculo vino tranquila y oscura la noche, en cuyo negro seno murieron poco a poco los últimos rumores de la tierra soñolienta, y el viajero siguió adelante en su camino, apresurando su paso a medida que avanzaba la noche."





     Con estas hermosas frases da comienzo Marianela, obra sin duda secundaria dentro de la extensa producción literaria de Benito Pérez Galdós, pero no por ello exenta de valor y de belleza. Es novela breve, de ligera lectura y emotivo argumento. También es una fotografía en la que el fondo, difuminado, merece la atención casi tanto como los protagonistas de la imagen; como un tapiz bordado con hilo grueso, que nos deja entrever, de forma deliberadamente oculta y desenfocada, el universo, la sociedad en que los nítidos protagonistas viven su tragedia.

     En Galdós siempre encontramos un transfondo histórico. El convulso siglo XIX trajo a España, más tarde que pronto, las ideas liberales de la Ilustración, perennemente enfrentadas a las facciosas y reaccionarias, encarnadas fundamentalmente en el movimiento carlista y en el catolicismo de la época.  En el epitafio de la tumba de Marianela data los hechos en 1.86... . No debe ser casual que sea contemporánea de la revolución liberal nominada como "La Gloriosa", o Septembrina, que triunfaba en España con décadas de retraso respecto al resto de países europeos.

     A mi modo de ver, dos son los ejes que dan valor y hacen actual a esta pequeña novela: la necesidad de una verdadera justicia social, y la del acceso a algún grado de formación para toda la población.

"El día en que semejante ser tuviera una idea propia, se cambiaría el orden admirable de todas las cosas por el cual ninguna piedra puede pensar."    ....    "En sus cortos alcances, la Señana no comprendía aquella aspiración diabólica a dejar de ser piedra."

     Efectivamente. Los hombres y mujeres que viven en la novela no son tales. Galdós los dibuja como hombres y mujeres de barro, sin humanidad, resaltando la necesidad de un profundo cambio social, en oposición a la costumbre cristiana de la caridad, que nada trae sino perpetuar la injusticia:

 "Todo eso sólo me prueba las singulares costumbres de una sociedad que no sabe ser caritativa, sino bailando, toreando y jugando a la loteria...Pero tú y tus amigas rara vez os acercáis a un pobre para saber de su misma boca la causa de su miseria..., ni para observar qué clase de miseria le aqueja, pues hay algunas tan extraordinarias que no se alivian con la fácil limosna del ochavo..., ni tampoco con el mendrugo de pan...".
     "Para esto no basta vestir a una persona, ni sentarla delante de una mesa donde haya sopa y carne. Es preciso ofrecerle también aquella limosna que vale más que todos los mendrugos y que todos los trapos imaginables, y es la consideración, la dignidad, el nombre."

     Justicia en lugar de caridad, educación en lugar de ignorancia, que es el pozo donde se cultivan las desigualdades sociales, y que es consentida, cuando no fomentada, por aquellas élites que obtienen provecho de ello:


"... Refiérome al miserable desesperado que reúne a todas las miserias la miseria mayor, que es la ignorancia."
     "... todo le demostraba su semejanza con un canto rodado, el cual ni siquiera tiene forma propia, sino aquella que le dan las aguas que lo arrastran y el puntapié del hombre que lo desprecia."


     Erraríamos grandemente, y con graves consecuencias, si pensáramos en estas ideas como pasadas, si diéramos por superados los logros que propone. A poco que reflexionemos mínimamente, veremos que las mismas reivindicaciones, las mismas necesidades, siguen hoy plenamente en vigor; que todavía debemos pretender que los hombres no sean de barro, y que es necesario, y responsabilidad de cada cual, formarse y cultivarse como persona crítica, aun cuando en ocasiones nos resulte más fácil y más cómodo asemejarnos al canto rodado. Porque si simplemente nos dejamos arrastrar, perderemos nuestra forma y únicamente seremos merecedores de desprecio.


11 de agosto de 2012

Tenebris mentes.







Agressi sunt mare tenebrarum quid in eo esset exploraturi.
... pero aún no se ha aclarado el tema de si la demencia es o no la forma más sublime de la inteligencia, si mucho de lo célebre, si todo lo insondable, no surge de una enfermedad de la mente, de estados de ánimo exaltados a expensas del intelecto general. Los que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan únicamente de noche. En sus sombrías visiones obtienen indicios de eternidad  y tiemblan, al despertar, descubriendo que han estado al borde del gran secreto.

"Eleonora".  Edgar Allan Poe.




2 de agosto de 2012

A Zenobia.


    

      En ocasiones encontramos palabras que nos hieren, que casi nos embisten; saltan del cerebro al pecho con el resplandor de un rayo que sólo el lector percibe. Palabras que con su profunda hermosura transmiten un significado tan elevado, que uno duda de haber leído bien. Me ocurrió hace unos días en Moguer, en la casa museo de Juan Ramón Jiménez. Son palabras tristes, de despedida, y toman su valor al dedicar el último pensamiento a la amante perdida, y su hálito de tristeza al reconocer el fracaso de todo proyecto vital, que inevitablemente finaliza en un vano recuerdo que se desvanecerá con nosotros, sin que nos demos cuenta ya:



"A Zenobia de mi alma, este último recuerdo de su Juan Ramón, que la adoró como a la mujer más completa del mundo, y no pudo hacerla feliz.

J.R.
 Sin fuerza ya."