... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

26 de septiembre de 2012

Kafka en el Congreso, sin pañuelo.







"Lo creo", dijo K., "yo mismo he sido testido, pero solo puedo ver con mis ojos, y con ellos no puedo distinguiros."




   
    Recién acabo de emerger de un mundo inacabado, delirante, absurdo y triste. Lo trágico, lo tormentoso, es que el despertar supone una vuelta a la realidad que se encuentra reflejada en ese extraño sueño, como el deliro de un paranoico o las voces que torturan la mente de un esquizoide. El lector se atemoriza cuando detecta que los ladrillos que forman su sueño son parte del mundo cotidiano, real aunque deforme. Cuando despiertas de una pesadilla sientes el inmediato alivio de saberte víctima de una visión onírica e involuntaria del mundo. Ahora lo que percibes es el sutil estremecimiento de haber vislumbrado el reflejo desfigurado en un espejo curvo, pero que no es más que una distorsión de la realidad, de la que conserva su esencia y naturaleza propias, como una alteración en una locura colectiva, en un rito minóico, sangriento, legendario y arcaico.

     El Centro de Poder es lejano e inaccesible. Las decisiones que en él se toman influyen en nuestras vidas, pero nadie puede acercarse ni interferir en ellas. Sus servidores, sus lacayos, justifican actos supuestamente justos con argumentos insostenibles. En realidad se otorgan un "estatus social" del que se benefician injustamente. Nadie conoce cuáles son los verdaderos resortes que rigen el poder, ni las decisiones reales que se adoptan, ni por supuesto sus motivaciones, sus consecuencias y sus objetivos. A quien le es permitido medra en derredor en busca de prebendas o limosnas que si consigue agredecerá justificando el nepotismo.

     Las gentes tienen un comportamiento extraño y hostil. Sus motivaciones son irracionales y absurdas, incluso subhumanas, aunque sólo en apariencia. En realidad actúan con intención, haciendo al actor culpable de su fracaso y del engaño a que es sometido pero permitiéndole siempre una pequeña esperanza en el éxito, una redención supeditada al sometimiento. Esa imposición de la culpa tiene un matiz claramente religioso, último puntal para que el sometido justifique la tiranía, para que la víctima se someta a su verdugo y permita la venda que ocultará el mundo a su mirada.

     Mi sueño temina inacabado, como la vida, como la Historia. Cuando aparentemente estamos ante un avance argumental, de repente, en mitad de una frase, sin ningún signo de puntuación que nos señale el final, nos encontramos el resto de la página en blanco:

 "Tendió a K. una mano temblorosa y lo hizo sentarse a su lado; hablaba con dificultad, era difícil comprenderla, pero lo que dijo

     La inmensa mayoría de los lectores, de los ensoñadores, tardaremos unos segundos, unos minutos todo más, en salir de la abstracción y cerrar el libro, acaso ligeramente pensativos. Sostengo la ilusión en que llegará un día en que alguien capaz de sembrar la esperanza, cogerá la pluma y dará un giro a la Historia, continuando libremente el argumento inconcluso. Quizá consiga acceder al Castillo y mostrar el verdadero rostro de sus habitantes.


"No necesita que lo animen", dijo K., "animarlo significa decirle que tiene razón, que debe continuar de la misma forma que hasta ahora, pero precisamente de esa forma no logrará nunca nada; por mucho que animes a alguien que tiene los ojos vendados a mirar a través del pañuelo, nunca verá nada; solo si le quitas el pañuelo podrá ver."
El Castillo.
Franz Kafka.

23 de septiembre de 2012

Sierra de Cazorla. Apunte crítico.





Sierra de Cazorla. Inmediaciones Hotel Coto del Valle. Septiembre 2012.



     Este joven y hermoso ejemplar de ciervo, que posa para los turistas de forma casi afeminada, está donde no debería. Seguramente desde muy pequeño aprendió de su madre a perder el miedo al hombre y acercarse a los hoteles y restaurantes como una forma de conseguir alimento con poco esfuerzo. Se produce así un intercambio que únicamente en apariencia es beneficioso para el animal y para el ser humano, pero que en realidad perjudica a ambos e, indudablemente, a la conservación del parque natural.

     ¿Cree alguien que este animal estará en condiciones de competir por el harén de hembras frente a los otros machos, curtidos para la supervivencia en los lugares más recónditos y escarpados de las montañas? El celo, o berrea, está próximo, y cuando resuene por toda la Sierra en el frío aire del otoño el choque de las cornamentas, él estará abajo en el valle, alimentándose de los restos de comida que los hombres le arrojan, quizá ajeno al instinto de perpetuar sus genes.


     No me es posible compartir ni entender la costumbre que para atraer clientes utilizan restaurantes y bares de facilitar alimento y así hacer que bajen animales a pie de carretera. Es una desnaturalización de la fauna que constituye la mayor riqueza del Parque Natural y lleva a la Sierra a personas que no siempre comprenden la necesidad de respetar escrupulosamente este enorme ecosistema. Y combatirla sería tan fácil como prohibir dar de comer a los animales, si no es que está prohibido ya y simplemente no se cumple, al igual que se ha prohibido la acampada o se colocan barreras y cadenas en los caminos para impedir el paso de vehículos.

     ¿Quiere usted ver animales, señor visitante? Levántese con el sol y cálcese unas buenas botas. Escoja un sendero y aprenda a observar con la certeza de que el primer observado es usted. Ellos no se pararán para que les fotografíe, pero cada vez que, furtiva y fugazmente, atisbe alguno durante un precioso y brevísimo instante, antes de que emprenda la huída, sentirá que le ha sido desvelado un gran secreto del bosque y que al mismo tiempo ha respetado la libertad y la independencia que estos seres, sin duda, merecen y que les es imprescindible para su supervivencia en estado salvaje, como los que puede ver a continuación:















     Este tesoro también puede ser tu tesoro; basta que lo aprecies. Si te emociona el júbilo de un carbonero que juguetea entre las ramas nevadas de un pino en un radiante día de invierno, si esperas sigiloso el encuentro siempre fugaz con un ciervo o muflón en alguna nava a la fría luz del amanecer, si te reconforta el ánimo el olor a bosque que desprende el boj en alguna umbría, si te sosiega el espíritu perder el tiempo bajo algún pino para escuchar el viento en su copa, entonces, no lo dudes, éste también es tu paraíso. Pero por favor, cuídalo; que tu paso por él sea ligero, nunca más profundo que la huella de tus botas.

Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas.
Guía del excursionista.
Enrique Marín Fernández










15 de septiembre de 2012

La verdad de Lázaro.



     "La verdad, Lázaro, es acaso algo terrible, algo intolerable, algo mortal; la gente sencilla no podría vivir con ella. (.....) Yo estoy para hacer vivir a las almas de mis feligreses, para hacerlos felices, para hacerles que se sueñen inmortales y no para matarlos. Lo que aquí hace falta es que vivan sanamente, que vivan en unanimidad de sentido, y con la verdad, con mi verdad, no vivirían. Que vivan. Y esto hace la Iglesia, hacerlos vivir. ¿Religión verdadera? Todas las religiones son verdaderas en cuanto hacen vivir espiritualmente a los pueblos que las profesan, en cuanto les consuelan de haber tenido que nacer para morir, y para cada pueblo la religión más verdadera es la suya, la que le ha hecho."

San Manuel Bueno, mártir.
Miguel de Unamuno.




     La tortura de la razón contra la seguridad de la fé. La libertad contra la aparente felicidad de la indolencia, de la seguridad que ofrece el rebaño.



     "La verdad os hará libres" (Juan, 8:32). Con esta frase Jesús obvió que a la felicidad quizá se llega a través de la inacción intelectual. Su Iglesia, en cuanto se romanizó y Paulo la estructuró formalmente, se dio cuenta que no necesitaba hombres libres sino sencillos y resignados, y les ocultó la verdad.

     Dos estados contradictorios, y a la vez complementarios. La búsqueda constante de la verdad lleva a Alonso Quijano a la locura; la simplicidad del escudero le aporta la seguridad de mantenerse en la retaguardia siempre, a cambio de su renuncia a cualquier asomo de razonamiento. A ambos les disculpa su tremenda ingenuidad, pero el lector es incapaz de vislumbrar cuál de los dos es más inteligente.

     Lo único que nos enseña la brevísima novela (o nivola) de don Miguel es la imposibilidad de conocer lo que realmente cree o deja de creer una persona, incluso respecto a uno mismo. La verdad, siendo única para cada individuo, rara vez conduce a la felicidad. Esta únicamente podemos encontrarla en las cosas más sencillas, en aquellas que a veces no nos dignamos a mirar siquiera, engreídos en pensamientos que, quizá, sólo quizá, sean demasiado elevados para sernos útiles. El lago oculta en su fondo una aldea sumergida. La noche de San Juan hay quien escucha los goznes de las campanas anegadas. Es posible que únicamente aquellos  que quieran y tengan la voluntad de oirlas.




7 de septiembre de 2012

El origen. El destino. El origen.




La Creación de Adán, de Miguel Ángel. El Creador, junto a las figuras que lo rodean y a la túnica, tiene la forma del cerebro humano.
  


      Aquella primera infracción en el Edén no fue tentada, sino un acto consciente de desobediencia. Desde aquel inicial instante, el gran mono desnudo se irguió sobre sus dos piernas y, por vez primera, su cabeza se alzó para mirar al horizonte.

     El primer paso sobre la arena virgen da principio a una irreversible deriva hacia el conocimiento y hacia la libertad. Y aquel día primigenio el hombre supo que su camino son todos los caminos, que su peregrinaje conduce en todas direcciones.

     Después vino la noche, y con ella el miedo, y bajo las primarias estrellas se conoció a sí mismo tan insignificante como una mota de polvo en mitad de la nada, y al mismo tiempo se supo tan poderoso como un dios.

     Y será dado el día en que de nuevo el Hombre dirija su mirada hacia la arena del suelo, y con sus manos desnudas arranque a la Tierra un trozo de barro, lo moldee y le dé su forma. Quizá entonces podrá soplar sobre él su aliento de vida, y la Historia dará comienzo otra vez, interminablemente.




2 de septiembre de 2012

Delito: no consta.

Fuente: Diario Público (www.publico.es)


     Es difícil creer que se pueda asesinar "legalmente" a un hombre sin que conste en el acta de entrega al pelotón de fusilamiento el delito por el que va a ser ejecutado. Cuesta suponer la existencia de toda una burocracia para esto. Es impensable que el funcionario que haya mecanografiado el texto, el que lo haya supervisado y el firmante, no advirtieran la barbarie. Quizá la advirtieron, pero no les importó. Por eso la necesidad del aparato burocrático, porque en él se estructuran procedimientos rígidos e irracionales que en realidad no son otra cosa más que una especie de perchero donde colgar el remordimiento antes de ir a dormir. Por justicia y por dignidad, no colguemos en él nosotros también el olvido.