... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

12 de mayo de 2013

J. L. B. Las Ruinas Circulares.





     Volver al Maestro, de vez en cuando. No es mala práctica, diríase que es necesario, incluso imprescindible. Pero no siempre resulta gratificante. Mejor dicho, la gratificación que se obtiene con su lectura no es gratuita, hay que estar dispuesto a pagar un precio por ella. Bajo el espectacular lenguaje de J. L. Borges se esconden la incertidumbre, el desasosiego que la profundidad de sus relatos imprime al espíritu del lector que, vagabundo, busca el descanso en la belleza de las formas y sin embargo encuentra en ellas, disimuladas, cuestiones oscuras y profundas, cosmogonías gnósticas, como él las llama. Arcanas e irresolubles inquietudes del ser humano.

    
      Las Ruinas Circulares es uno de estos cuentos mágicos, oscilantes entre el  mundo místico y el real, como un débil y destramado puente que existiera entre ambos. El forastero viene del agua, del fango sagrado. Busca refugio en unas antiguas ruinas que sugieren un mundo idolátrico, una antigua y desaparecida religión ritual de la que apenas quedan unas piedras circulares y una deidad pétrea de forma indeterminada, ennegrecidas por la ceniza. Duerme, no por la flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Su propósito es soñar un hombre, soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad

     El primer sueño, sin embargo, resulta falso, inexistente, estéril. Como un maestro de la antiguedad, se sueña aleccionando a un grupo de jóvenes alumnos en un anfiteatro. Desecha a aquellos que simplemente acatan su doctrina, porque aunque dignos de amor y de bueno afecto, no podían ascender a individuos. Prefiere y elige a aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Airado, al despertar una tarde, comprende que no había soñado.

     Recuperado del delirio y de la ira, una tarde soñó con un corazón que latía. Y así es como va engendrando a su fantástica criatura. Órgano a órgano, de dentro afuera. Desde el corazón perfecto hasta la totalidad de sus cabellos, uno a uno, es germinado el hijo a través de un agotador proceso demiúrgico. La indeterminada deidad de piedra le dará vida y le revelará el secreto: todas las criaturas, excepto el Fuego y el mismo soñador, lo pensarán un hombre de carne y hueso. Tras dos años de aprendizaje de la realidad, comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer. Así, lanza su creación al mundo, un fantasma soñado que vivirá disimulado entre los hombres, desconocedores de su origen y de su verdadera naturaleza

     Bruscamente, llegó el día en que el fuego destruyó, como ya lo hiciera siglos antes, las ruinas. Esperando la muerte, conforme con ella, aceptándola, el mago inesperadamente resulta indemne a las llamas, conocedoras del enigma. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.

     La incertidumbre es inevitable. Borges nos propone un juego, un ejercicio espiritual. ¿Es el ser humano un sueño? ¿Un soñador? ¿Ambas cosas al mismo tiempo? Si soñamos nuestras criaturas y alguien nos sueña a nosotros, quizá sea posible, como en una nueva Summa Theologiae, remontarnos a un soñador "no soñado", a una causa incausada que acreditara la existencia de un dios, capaz de crear y engendrar criaturas sin haber sido creado por nadie ni por nada. 

     De no ser así, la otra terrible posibilidad es que toda criatura sea el sueño de alguna otra, hasta el infinito. Hacia la eternidad desde un prisma lineal, o en forma circular hacia la obsesión por el eterno retorno. Que todo el universo, toda la existencia humana no fuera más que humo flotando en un mundo onírico y vacío. No es cobardia preferir la primera opción, aunque siempre le será ofertada a los hombres la libertad de soñar. 



5 comentarios:

  1. No se va nunca uno de Borges. Él es la ruina circular, el aleph y la lluvia en los patios de Cartago. No creo que yo sea hoy lo que soy, sea esto lo que quiera que sea, sin lo que Borges me hizo, hace treinta años, más o menos, en las calles de Córdoba, en mi facultad, descubriendo el mundo al modo en que nuestros hijos lo están descubriendo ahora, amigo Manolo. Me gustó la charla breve con la paella. Un abrazo. Tengo que leer más a Borges. Obstinadamente. Y volver a tu serpiente. Un abrazo.

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    1. Tengo las obras completas de Borges en un pdf en la oficina. Cuando el tedio y la monotonia y el público me lo permite, acudo a él. Suele ser complicado, doloroso. Como digo en el post, leer a Borges no es gratuito, leer a Borges no tiene precio. Que una cosa es no tener valor y otra ser impagable.

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  2. Hablé de Borges el otro día, Manolo, delante de 100 personas. Lo nombré las veces suficientes. Borges. Borges. Nunca es suficiente. Un feligrés. Nosotros, tan descreídos, feligreses de algo.

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  3. es un buen ejercicio recordar el primer cuento de Borges que leimos, Las Ruinas Circulares es el mio....y quedo grabado a fuego....Sebastian.

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    1. Gracias por comentar, y bienvenido. Borges se graba, efectivamente. Saludos.

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