... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

29 de septiembre de 2013

El cielo raso de Álvaro Pombo.








"Y deseó que aquello durara siempre: hilo monótono de agua continua que escondido entre helechos deja que el oído y el olfato lo capturen con más relieve y más detenimiento corporal que los abstractos ojos".






He comentado ya en otras ocasiones cómo la mayoría de las veces uno no busca los libros que va leyendo, sino que más bien parece que fueran ellos los que se hicieran los encontradizos, saliendo a nuestro paso en virtuosa ofrenda, como al azar. Y es ahí que pides a alguien que te saque de la biblioteca de su pueblo, porque en la del tuyo no está, el último libro de Pombo (Quédate con nosotros, señor, porque atardece), y te dice Pues yo tengo uno de Pombo que no he leído, si quieres te lo presto, y te encuentras con "El cielo raso" entre tus lecturas pendientes.

Muy anterior al Quédate con nosotros, es una novela mucho más pombiana, más fiel al estilo redundante y culto del autor, con más profundidad filosófica. En un primer golpe de vista a la solapa uno podría pensar en un libro que trata sobre la homosexualidad. Nada más lejos de la realidad y de la intención de Pombo. La homosexualidad es una constante en su obra, pero nunca es argumental sino todo lo contrario. Sencillamente es intrascendentemente transversal. 

El verdadero tema de esta obra es el amor. El amor como camino de vida, como esperanza de futuro. El amor no revelado, no impuesto ni circunstancial, sino ciertamente inventado, creado y moldeado, a caricias o a golpes. La única forma de alcanzar su perdurabilidad y dotarlo de sentido:

"Nadie elige un amor sólo a partir de lo que tiene ante los ojos: todos, en realidad, elegimos nuestros amores en términos del espacio futuro que nos creemos capaces de llenar con ellos. No elegimos nuestros amores a partir de realidades sino a partir de irrealidades y de esperanzas."


El cristianismo, o la visión que Pombo tiene de él, es también una constante en su obra. En El cielo raso se vislumbra el nacimiento y la asfixia de la Teología de la Liberación, pues parte de su argumento transcurre en El Salvador, una de las fuentes de esta corriente anatematizada por la Iglesia Católica. Se busca la justicia del Reino de Dios en la tierra, con unas connotaciones claramente marxistas. Es como una humanización del cristianismo hasta el punto de desproveerlo de cualquier cuestión metafísica, dejando la entrega a los demás simplemente, y no es poco, como una opción de vida: "... hay un abismo entre esta teología liberadora, o como quieran llamarla, y la teología ratonera de los pecados originales y las culpas y las culpabilizaciones del catolicismo de mi niñez y juventud", llegaría a decir el protagonista, Gabriel Arintero.

Las obras de Pombo, en su planteamiento, nos presentan habitualmente personajes íntegros, con gran peso intelectual, aparentemente inamovibles en sus profundas convicciones y razonamientos, como si estuvieran dotados de razón en toda circunstancia vital. Sin embargo, cuando se empieza a ahondar en los personajes, cuando se establecen entre ellos relaciones que siempre son de poder y de dominación, inevitablemente van a comenzar a derivar hacia el caos y hacia la destrucción. Los habitantes literarios de Pombo "deambulan desconcertados, persuadidos de que yendo y viniendo cumplen sus destinos y se salvan del general absurdo"

Es inútil resistirse al cambio, pero no a la degradación. La única forma de perdurabilidad es la adaptación, manteniendo firme la propia ética, las íntimas convicciones. Uno tiene que aceptar que su destino es único, aunque lo que haga pudiera hacerlo cualquier otra persona. En el universo pombiano la felicidad no se alcanza en la ignorancia ni en la indolencia. Estos seres son despreciados, desprovistos de humanidad. La única forma de alcanzarla es mediante la consciencia. La felicidad no consiste en la falta de dolor, sino en la carencia limpia y consciente de remordimiento.




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