... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

23 de noviembre de 2013

La mujer y la religión.



     Durante siglos prohibieron que sus libros sagrados fueran traducidos porque, decían, podían ser malinterpretados, a pesar de que casi nadie sabia leer. Ocultaron siempre que la verdadera causa era justo la contraria, temían que pudieran ser entendidos y sometidos a diálogo.

     En 1563 el Concilio de Trento determinó, por un voto de diferencia, que las mujeres tenían alma. Este dato supuestamente histórico hay quien lo sitúa mil años antes, en el tercer Concilio de Nicea (585). Al parecer se trata de uno de esos bulos que circulan sobre hechos que no fueron tales. Lo que sí se discutió es si el término "homo" de las escrituras puede aplicarse únicamente al varón o también a la mujer. Según Gregorio de Tours, al final se dilucidó que "homo" además de al varón, se refería al ser humano en general. Si se piensa bien, el bulo del alma femenina, si no es cierto de forma estricta, puede ser acertado y conforme a lo discutido en Nicea, pues de no haber prosperado significaría que la Palabra y la Acción de Dios no estarían dirigidas a las mujeres, sino exclusivamente a los hombres. Digamos entonces que son dos formas de llamar a la misma cosa: una no ajustada a los hechos pero más comprensible, y la otra un mero eufemismo tan propio del mundo religioso.

     Las religiones de raiz semítica (el propio judaísmo, el cristianismo y el islam) beben en fuentes aún más antiguas y arcanas, en creencias ya olvidadas y desaparecidas pero extraídas de sociedades fuertemente patriarcales, y en sus gnosis llevan plantado el árbol de la misoginia de forma indeleble. Ya en el Génesis la mujer es creada a partir del hombre y sometida a él:

     Entonces Yahveh Elohim infundió un sopor sobre el hombre, que se durmió, y tomóle una de sus costillas, cerrando con carne su espacio. Luego Yahveh Elohim transformó en mujer la costilla que del hombre había tomado y la condujo al hombre. Génesis 2, 21-22.

     A la mujer dijo: "Multiplicaré sobremanera los sufrimientos de tu gravidez; con sufrimiento parirás hijos, y hacia tu marido será tu tendencia, y él te dominará". Y al hombre dijo: "Por cuanto escuchaste la voz de tu mujer y comiste del árbol acerca del cual te había dado órdenes diciendo: "¡No comerás de él!", maldito sea el suelo por tu causa; con fatiga te alimentarás de él todos los días de tu vida. Espinos y abrojos te germinará y comerás la hierba del campo. Con el sudor de tu rostro comerás pan, hasta que tornes al suelo, pues que de él fuíste tomado, por cuanto polvo eres y al polvo has de tornar". Génesis 3, 16-19.

   El mismo Yahveh determina, desde el momento de la creación, la distribución de los roles dentro de la sociedad. El trabajo es para el hombre mientras que la labor de la mujer es engendrar y parir hijos y ser dominada por su marido. Nótese también que la referencia de volver al polvo del que fue tomado abarca únicamente al hombre. La mujer para a ser, en la tradición semítica, un ser impuro:

     Yahveh habló a Moisés, diciendo: "Habla a los hijos de Israel para decir: Cuando una mujer concibe y da a luz un hijo, será impura durante siete días. Como en los días de su impureza menstrual será impura. Al octavo día será circuncidado en cuanto a la carne de su prepucio. Ella permanecerá treinta y tres días purificándose de su sangre; no tocará cosa alguna sagrada ni penetrará en el Santuario hasta que se cumplan los días de su purificación. Mas si da a luz una niña, será impura dos semanas, como en su menstruación, y permanecerá sesenta y seis días purificándose de su sangre". Levítico 12, 1-5.

     Este concepto de que la mujer es impura por naturaleza será posteriormente redimido por la figura de María, asociando la pureza a la virginidad. Maria es virgen antes, durante y después del parto, no conoce varón y por ello es pura. Indudablemente se está condenando el derecho a la sexualidad de la mujer en una especie de ablación mística.

     Esta es la imagen de la mujer que nuestra cultura judeo-cristiana ha heredado, y es la que el catolicismo dogmático defiende, por más que quiera ocultarlo sabiendo que no goza de gran aceptación en la sociedad, más moderna y avanzada. Las religiones a lo largo de la historia de la humanidad han ido desapareciendo, transformándose en otras religiones, fundamentalmente por su quietismo y su incapacidad de adaptación a los cambios sociales. Es algo indisoluble del propio concepto religioso. Una verdad absoluta no puede cambiarse, no puede estar sujeta a variación. Lo que es absoluto es a la vez invariable por definición.

     En ocasiones saltan a los medios de comunicación alarmantes declaraciones de líderes religiosos, como el libro recientemente publicado por el arzobispado de Granada, "Cásate y sé sumisa", o de algunos imanes como el de Fuengirola, con un alto grado de machismo y de misoginia. Son perfectamente conscientes de lo que dicen y de la expectación que causa su integrismo. No merecen que se les preste atención, lo hacen buscando la confrontación para tener su cuota de pantalla. A veces el pastor envia a sus perros para que ladrando y enseñando los dientes mantengan unido el rebaño. Pero cada vez son más las ovejas convencidas de que no necesitan ser pastoreadas.




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