... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

9 de noviembre de 2013

Reseña. Música de cámara. Rosa Regàs.



    

"Aquí termina tu exilio, habría dicho mi padre si aquel día lluvioso de abril me hubiera acompañado a la estación".
Así comienza la historia de Arcadia, que en 1949 regresa a Barcelona después de haber perdido en accidente a sus padres, españoles exiliados en Toulouse.


     Para Arcadia, educada en un ambiente laico y en un país libre, la llegada a España, a casa de su tía Inés, supone un tremendo choque emocional: "la gente caminaba encogida, mal vestida, ojerosa y oscura". Su paso por el colegio forma su voluntad de no someterse al fundamentalismo católico que dominaba la sociedad española de aquellos años, su firme y secreta decisión de mantener ocultas pero vivas las enseñanzas de su padre. "Era un colegio de largos y oscuros pasillos (....) donde tuve que aprender no sólo geografías e historias que me eran ajenas sino sobre todo costumbres y preceptos morales que se me había enseñado a no aceptar jamás".

   Porque Música de Cámara es, por encima de sus personajes, una descripción de la vida en la España negra de los años 40 y 50, una sociedad sumida en un integrismo religioso en la que tras la máscara de la moral medran la avaricia y la corrupción en un sistema que deriva hasta nuestros días:

"La corrupción legalizada pasa de padres a hijos y de éstos pasará a los nietos y no tendrá fin porque no sólo no hay respuesta judicial y oficial a ello, sino que se ha constituido en una manera de sobrevivir, de medrar y de gobernar profundamente arraigada en el capitalismo, incluso en un capitalismo tan macarrónico como el de Franco. Su desarrollo hacia formas más sofisticadas que no podemos ni imaginar hoy, no lo dudes, llegará porque por años que pasen si no hay un cambio brusco y radical, que no lo habrá tal como van las cosas, ya nadie podrá arrancar de la sociedad esta permisividad con el delito económico".


    No suelo reseñar en el blog libros que no me hayan gustado. Musica de Cámara es un buen libro, está bien escrito y es fácil y agradable de leer. Lo que no me gusta de él es que Rosa Regàs a veces fuerza los diálogos en demasía para incluir en ellos un proselitismo que se hace evidente en exceso. Cierto es que España es un país que ha desatendido su historia a lo largo de los siglos, que ha pretendido construirse emocionalmente y nunca con la reflexión de la razón, que mira para otro lado cuando tiene que buscar las causas de sus problemas; pero en mi opinión, no se debe forzar una obra literaria para incluir un mensaje si no cabe en ella. Porque ese es el problema, que lo que la autora quiere transmitir, en un intento loable y digno, viene grande a la trama que plantea y, por tanto, debió omitirlo, o bien profundizar en ella para integrarlo con más naturalidad.

     A pesar de esto, Música de Cámara es, sobre todo, una historia de amor, una hermosa y bien narrada historia que nos cuenta hasta qué punto las desigualdades de clase y las injerencias externas pueden resultar terribles en una relación, y cómo con el razonamiento y la madurez se puede, sino vencer, al menos ser capaces de adoptar la decisión de seguir luchando. El final es el mismo que el principio, la sensación de que en el reencuentro es donde verdaderamente acaba el exilio.
     Magnífico es el poema que Regàs usa como introito para el último capítulo, y que con sutil trazo define el desenlace:


Ni en el llegar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo, altísimo, temblando.

Pedro Salinas. Razón de amor.



 


No hay comentarios:

Publicar un comentario