... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

29 de enero de 2013

El peligroso duende de los libros.






     " ... entraron dentro todos y la ama con ellos, y hallaron más de cien cuerpos de libros grandes muy bien encuadernados y otros pequeños; y así como el ama los vió volvióse a salir del aposento con tanta priesa, y tornó luego con una escudilla de agua bendita y un hisopo, y dijo: tome vuestra merced, señor licenciado, rocíe este aposento, no esté aquí algún encantador de los muchos que tienen estos libros, y nos encanten en pena de las que le queremos dar echándolos del mundo. Causó risa al licenciado la simplicidad del ama, y mandó al barbero que le fuese dando de aquellos libros uno a uno para ver de qué trataban, pues podía ser hallar algunos que no mereciesen castigo de fuego."

(Don Quijote de la Mancha, cap. VI. Miguel de Cervantes)










El tirano ordena la quema, el siervo aventa la hoguera. La barbarie, la intolerancia y la infamia, son hijas del autoritarismo y de la ignorancia.




(En contra de la supresión de la asignatura de Filosofía en secundaria y bachillerato)




28 de enero de 2013

Blancanieves.









     Hay un concepto inexcusable de lo malvado cargado de erotismo, de sensualidad y de belleza. Es la inevitable atracción del abismo, de la perdición. Eros y Tánatos. La rendición física que relaja los músculos y acepta religiosamente el destino, la existencia de un ente superior que decide por los seres más débiles, un sacrificio estéril porque el sacrificado es, más que inocente, ignorante.


    Desconozco la causa, pero este concepto sufriente y sacrificante está arraigado en la más lejana de las etapas de la infancia, y cuando se mezcla con el recuerdo de un cuento infantil el resultado es inabarcable, único, egocéntricamente y unívocamente incompartible. Interior, oculto, inhibido de cualquier forma de comunicación íntima, silencioso y secreto.


    Y si ocurre que el desenlace es pretendidamente ambiguo, que el espectador únicamente es capaz, conducido por su conciencia y memoria, de elegir entre dos soluciones dramáticas, y sin embargo deviene en inesperado, sorprendente y sencillo, inexplicable al mismo tiempo, es cuando estamos viendo cine.


    Cuando una película consigue que al terminar salgamos heridos de la sala, convulsos dentro de nosotros y de nuestros recuerdos, de nuestros valores estéticos y morales. Si conmueve, es arte.







22 de enero de 2013

Pessoa, poeta ventrílocuo.




... la realidad no me necesita.




El campo, a fin de cuentas, no es tan verde

para los que son amados como para los que no lo son: 

sentir es distraerse.

(Alberto Caerio) (*)


(*) - El más poético de los heterónimos de Pessoa. El filósofo del sentido común, de la sencillez:



Lo esencial es saber ver,

saber ver sin estar pensando,

saber ver cuando se ve,

y no pensar cuando se ve

ni ver cuando se piensa.



    



12 de enero de 2013

Reseña. El sueño de los héroes. Adolfo Bioy Casares.






" El destino es una útil invención de los hombres."


     Buenos Aires, carnaval de 1927. Emilio Gauna acaba de ganar mil pesos apostando en las carreras de caballos. Tres días deambulando por la ciudad disfrazada, sin dormir casi; tres días y tres noches de alcohol y parranda con un grupo de amigos un tanto pendencieros: "con la plata del juego hay que ser generoso". La última noche, entre los árboles de un bosquecito ha ocurrido algo que Gauna no recuerda, pero que sabe con total convencimiento, que reconoce absolutamente como la experiencia de su vida, aún desconociéndola. Intentar revivirla se convertirá en una obsesión, en una especie de sino inevitable. Tres años después, en los carnavales de 1930, vuelve a ganar un boleto de apuestas. La consecuencia es inmediata: repetir todos los pasos para intentar volver a provocar los hechos, para convocar su destino, la experiencia desconocida y nunca olvidada. 

     Estas son las líneas argumentales básicas con las que Adolfo Bioy Casares construye "El sueño de los héroes", un libro sólo sencillo en apariencia. Su estilo, carente de cualquier artificio ornamental, y su argumento, cronológicamente lineal, exigen muy poco al lector. Entregarse entre sus páginas no requiere apenas esfuerzo; costará más salir de ellas indemne, después de un desenlace sorprendente y literariamente bello.


     El destino.

     Quizá sea el elemento más contundente en la obra. La obsesión por convocar un recuerdo y hacerlo real, vivirlo sin temor bajo la esbozada amenaza que se percibe entre las páginas, con la sospecha constante de la tragedia. 

     El futuro es desconocido, pero no incondicionado. Nuestro pasado y nuestro presente único lo configuran inevitablemente. Bioy Casares acepta el destino  únicamente como una consecuencia engranada a nuestras más nimias decisiones y a nuestro entorno. En ningún momento se contempla ni se admite ningún elemento sobrenatural en él, la intervención de fórmula mágica alguna.  

     En mi opinión la decisión de repetir los actos con la intención de provocar las mismas consecuencias es un experimento de laboratorio que no funciona en la vida real. Siempre habrá algún elemento que no podamos controlar y que haga que el resultado sea distinto, puede que incluso decepcionante. No podemos repetir el primer beso, pero no por ello debemos despreciar cualquier oportunidad de besar. Los actos pasados son irrepetibles. Sin embargo, los hechos novelados en El sueño de los héroes me contradicen en cierta manera. Y es en esas contradicciones cuando la lectura más enriquece, pues sin duda consigue hacer pensar al lector y cuestionarse sus propias convicciones.


     Clara.

     Es el personaje que da forma sentimental a la novela, y a la vez la base del lado más juicioso, del difícil equilibrio entre la experiencia real y la obsesión provocada. El propio Bioy Casares la definió como la más querible mujer de sus relatos y reconoció haber estado enamorado de ella:



"La miró en los ojos y sintió que la quería mucho"
   
 
     Emilio Gauna no mira a Clara, a la adorable Clara, "a los ojos", sino "en los ojos". La diferencia es tan importante como sencilla su construcción gramatical. Frente al mirar un tanto agresivo, instigador, indagador e incluso amenazante que supone el primero, está el "mirar en" que adquiere un rico matiz, un significado como de asomarse, un deseo irresistible de empaparse y prenderse de la cosa mirada, de penetrar en ella más allá de lo cognoscible. Del mismo modo, el enamoramiento no se define como una acción, voluntaria o no, como un proceso, sino como un sentimiento inevitable del que la única opción que tiene Gauna es su constatación.

     "La tuvo entre sus brazos, en el agua. Radiante a la luz de la luna, dócil al amor. Clara le pareció casi mágica en belleza y en ternura, infinitamente querible".

     "... debía de presentir, sin embargo, que la obsesión de Gauna ocultaba precipicios en los que finalmente se hundiría su dicha, pero tenía esa noble resignación, ese hermoso valor de algunas mujeres, que saben ser felices en las treguas de su infortunio."


     El coraje. 

      Es quizá el tercer elemento y al mismo tiempo el más oculto en la trama. Se desliza lateralmente por el argumento hasta conseguir ser determinante, más incluso que el amor.

     "Ese valor, de que habla Gauna, carece de importancia. Lo que un hombre debe tener es una suerte de generosidad filosófica, un cierto fatalismo, que le permita estar siempre dispuesto, como un caballero, a perder todo en cualquier momento."
  
    
     
     Efectivamente, para Gauna la valentía es algo muy importante. Es una concepción del valor un tanto romántica y anacrónica, es el valor que se canta en los tangos y que se idealiza en su mente de tal manera que lo arroja a la fatalidad. Por encima de su amor por Clara, únicamente en el descubrimiento de su coraje, "que se reflejaba con la luna en el cuchillito sereno", entrevió su felicidad. Y le fue infiel de la única manera que podía: no teniendo para ella un último pensamiento.