... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

26 de octubre de 2013

Buscando a La Maga.







     Horacio y Lucía no se citan nunca, no quedan a hora alguna ni en sitio determinado. Cuando se quieren ver se buscan distraidamente por las calles de París, por los puentes y las orillas del Sena, hasta que se encuentran, siempre. Entonces, con una ingenuidad impropia de Oliveira, aunque no así de la Maga, celebran su encuentro con una botella de vino en cualquier vieja taberna de la ciudad. Como si el azar existiera en el amor, o en la vida. Como si algo en este mundo pudiera ser meramente casual.

   
     En su soberbia intelectual él, en su adorable indolencia ella, pasean por su amor sorteando la tragedia y la locura, esquivando un final inevitable. Como todos los amantes, como todos los  hombres, ignoran que llevan en el bolsillo aquello que andan buscando.




16 de octubre de 2013

La escuela dudante.






     Anoche pude ver en el canal de televisión Cinematk, en V.O.S., la película "Kerity, la casa de los cuentos". Aunque no deja de ser una película infantil, la verdad es que me supuso un gran placer y un buen rato de entretenimiento. Es la historia de un niño que tiene dificultades para aprender a leer, pero que ha de conseguirlo para que no desaparezcan los personajes de los cuentos. Y además es también, y sobre todo, un canto a la fantasía y a la necesidad que tiene el ser humano de la lectura, de los libros.

     No hace muchos días se hizo público un informe que alertaba del bajo nivel de comprensión lectora de los adultos españoles. Y es cierto. Por mi trabajo trato con muchas personas y puedo afirmar que gran cantidad de ellas, y no siempre personas de avanzada edad, sino también jovenes, tienen verdadera dificultad para comprender un escrito simple o para cumplimentar un impreso sencillo, fundamentalmente porque lo leen de forma mecánica, sin detenerse a entender su significado.

     En este país la escuela siempre ha tenido una consideración un tanto despectiva. Se entiende como un sitio donde "aparcar" a los niños, pensando que debe suplir las carencias educativas de la familia. Padres y profesores se consideran, a menudo y mutuamente, como contrarios, cuando debieran ser aliados. Conozco casas en las que no hay un solo libro. Conozco profesores que se esfuerzan en que los niños y niñas aprendan a leer, en su sentido más abierto, no únicamente la "técnica de lectura", sino a buscar en ella el placer y el entretenimiento. Pero en su casa no hay un solo libro, aunque seguramente sí tengan televisión en su dormitorio.
  
  
 
   
 
    La verdad es que la sociedad española es una sociedad muy dogmatizada. El jesuita Luis Coloma, que escribió para Alfonso XIII el cuento "Ratón Pérez", dice al comienzo del mismo: "Sembrad en los niños la idea, aunque no la entiendan: los años se encargarán de descifrarla en su entendimiento y hacerla florecer en su corazón". Y de esto mismo se trata hoy en día. La eliminación de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, la consideración dada a la asignatura de Religión (católica, por supuesto), son la plasmación de las palabras del padre Coloma y de la idea de educación que tienen aquellos que ostentan la facultad y el poder de legislar sobre ella. Estamos carentes de comprensión lectora porque interesa que sea así. Si de verdad la sociedad española fuera críticamente comprensiva elegiría políticos y gobernantes que la diginificaran.

    



     Urge sacar de la escuela las verdades absolutas, por definición contrarias a la razón. Si la verdad es única e incuestionable, ¿para qué realizarnos preguntas?. Por el contrario, el niño que es capaz de buscar la fantasía en los libros, buscará más adelante en ellos el conocimiento, y terminará encontrando únicamente interrogantes. Y entonces comprenderá que sólo en la duda se puede crecer como persona, que únicamente en la incertidumbre reside la libertad. Y las oligarquías dogmáticas que ostentan el poder no quieren ciudadanos que se hagan preguntas, que es en realidad dudar, sino acólitos que acepten sus normas sin cuestionarlas y sirvan a sus intereses.





7 de octubre de 2013

El vuelo y el equilibrio.








     Icario Dorado dormita sentado al lado de la estufa de leña que apenas si calienta el pequeño bar del pueblo, porque la puerta continuamente se abre y se cierra y, con los parroquianos que entran y salen, se aloja en la semioscuridad del local el frío de la calle. Nunca falta un bebedor que le ofrezca un par de cigarrillos o que le convide a medio jarro de vino, para que al acabar la tarde, en pequeña tertulia, pueda recordar en voz alta sus extraordinarias aventuras. Y es que Icario, desde muy joven, tuvo el don de volar. El hombre no sabe si le fue dado en un momento determinado o si ya nació con él y un día se le reveló, de repente. Como otras personas tienen el poder de la adivinación, o el de la sanación, o pueden conseguir que las vacas y las mujeres se preñen, o componer los huesos rotos, él podía volar. Así, viajó por todos los países y por todos los mares hasta donde no hay nada más allá y las aguas del océano caen al abismo, y pudo ver todas las maravillas que en el mundo son: monstruos y diablos, animales imposibles, árboles que se mueven y que los animales que se alimentan de sus hojas tienen que dar caza... . El tiempo y la edad fueron deteriorando sus alas, hasta que un día las perdió por completo.

     Y cuando el vino le hacía hablar y despertar de su adormecimiento relataba todas estas aventuras desde su sillón de la taberna, en voz baja, con lentitud, gustándose en las teatrales pausas que conscientemente alargaba. Y los hombres que allí se reunían lo escuchaban sin burla. Lo respetaban porque lo tenían por un hombre sabio, y porque era un anciano. Y porque ninguno de ellos había salido nunca del pueblo, como si de una ancestral caverna se tratara.

     En realidad todos tenemos el don de volar, nos es dado cuando nacemos y lo vamos desarrollando con mayor o menor habilidad, con mayor o menor esfuerzo. Aprendemos a volar cayendo, y llegamos tan lejos como somos capacer de soportar el dolor y la soledad. Quien se propone alturas mediocres tendrá en la mediocridad su medida de las cosas, pero quien se fija metas imposibles solo alcanzará la frustración. No es fácil ni es gratuito acertar, pero por fortuna los objetivos son mudables, pueden cambiarse hacia adelante o hacia atrás según la necesidad. Basta con tener la inteligencia suficiente para hacerlo o para asumir los errores y volverlo a intentar.


     Los días nublados alcanzaremos a ver el Sol sólo si volamos por encima de las nubes, pero a cambio perderemos de vista las copas de los árboles y el fresco lecho de los arroyos, que es donde reside nuestro alimento. Y si por desventura nos acercamos demasiado al Sol su luz y su calor fundirá nuestras alas y caeremos al mar, como Ícaro, que da nombre al viejo somnoliento y medio loco con que comenzó este relato.