... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

13 de abril de 2014

Mairenada (II). La religiosidad de Machado.









     Decía Juan de Mairena:

     "Cuando el hombre deja de creer en lo absoluto, ya no cree en nada. Porque toda creencia es creencia en lo absoluto. Todo lo demás se llama pensar."


     ¿Se podría inferir de estas palabras que Antonio Machado fuera ateo, o acaso agnóstico? Acudamos a su concepto de fe: " ... un acto de fe no consiste en creer sin ver o en creer en lo que no se ve, sino en creer que se ve, cualesquiera que sean los ojos con que se mire, e independientemente de que se vea o de que no se vea".

     Efectivamente, de lo que el poeta reniega es de esa religiosidad revelada, estamentalizada y que es como una venda en los ojos de sus acólitos. Descree de aquella religión inmovilista y opuesta a la razón: ... "repensar lo pensado, desaber lo sabido y dudar de la propia duda, es el único modo de empezar a creer en algo". El hecho religioso para Machado es un proceso filosófico que debe ser deducido, aún consciente de no poder alcanzar el final del silogismo. En este sentido llegará a pronunciar, en boca de Juan de Mairena, una de sus frases más inquietantes: "Los grandes filósofos son los bufones de la divinidad".

     Escribo estas reflexiones hoy, Domingo de Ramos. En los próximos días sonarán en casi todas las ciudades y pueblos andaluces los acordes de "La Saeta", en un acto de cinismo extraordinario. Incomprensiblemente los versos que reniegan del Cristo clavado eternamente al madero servirán para la exaltación de una religiosidad reaccionaria, oscura y antigua,  sentido totalmente opuesto al que quiso darle el poeta, para quien el único Cristo posible es el que caminó sobre el agua.

     Porque para Antonio Machado existe una relación entre religión, filosofía y poesía que no puede estar sujeta a dogma ni a verdades absolutas: "Después de la verdad -decía mi maestro- nada hay tan bello como la ficción. Los grandes poetas son metafísicos fracasados. Los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de sus poemas."




   


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