... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

6 de julio de 2014

Reseña. Historia de una maestra. Josefina R. Aldecoa.




"Cuando todo español, no sólo sepa leer, que ya es bastante, sino tenga ansias de leer, de gozar y divertirse, sí, de divertirse leyendo, habrá una nueva España".



     No conocía a Josefina Rodríguez Aldecoa. Hace unos días, leyendo el discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua de Ana María Matute, tropecé con una cita de su libro "Los niños de la guerra". No lo he encontrado, pero sí este que traigo a este pequeño foro, su breve y sorprendente "Historia de una maestra".

     Escrito en primera persona, en forma de diario íntimo, Gabriela nos cuenta su vida como maestra desde 1923 hasta 1936. Con un estilo sencillo, aunque solo en apariencia. Porque detrás de su fácil lectura, entre las afables palabras, se desliza la imagen viva de la sociedad, de la forma de vivir, de sentir y de pensar, de sus seculares miserias:

El primer día tenía preparado un discurso pero no me salió. Únicamente dije: "¿Quién sabe leer?" Y un niño menudito y rubiaco dijo: "Yo." "¿Y los demás?", insistí. "Los demás no saben", contestó él. "Si supieran no estarían aquí..." "¿Dónde estarían?", pregunté estúpidamente. Y él sonrió lacónico y dijo: "Trabajando."


     Es la Historia. Con mayúscula. No la que figura en los libros, ni la que se estudia en los colegios y en las universidades, sino la que se vive, casi siempre cruel, la que cambia el mundo y a las personas, la que llega a los bares, a los campos, al interior de los hogares. El eco de una república proclamada sin violencia y que intentó cambiar y mejorar la sociedad española desde uno de sus pilares básicos: la educación. 

     Pero es también la historia de la intolerancia, de la resistencia al cambio. En el mundo rural en que transcurre Historia de una maestra, se percibe a la perfección cómo se van formando dos bandos diametralmente opuestos, que darán lugar a la tragedia. En un lado, el caciquismo y la iglesia, representantes del poder establecido e inmutable, dispuestos a cualquier cosa para conservar sus privilegios. En otro, una masa inculta e indefensa ante la política, impaciente ante los cambios que se le prometen y no acaban de llegar. A unos les mueve la intolerancia y el egoísmo, a otros el hambre y la injusticia social.

Para un concurso de trabajos del Ministerio, presentamos uno, de geografía, en el que desarrollábamos el proyecto de estudio de España sobre un mapa natural. Con plantas de verdad, montañas, ríos, los niños lo habían hecho a la sombra de un roble en la parte de atrás de la escuela. Estaban entusiasmados y cada día añadían un nuevo elemento para completarlo. Una mañana apareció destrozado. Una gran cruz de cal cubría toda la extensión del mapa.

     
     La cita al pie de la ilustración del principio es de Manuel Bartolomé Cossio, presidente del Patronato de las Misiones Pedagógicas, uno de los proyectos más hermosos y ambiciosos en materia de educación, sino el que más, de la historia de España. Estas son también sus palabras, que Josefina Aldecoa transcribe en su pequeño y hermoso libro:

Somos una escuela ambulante y que quiere ir de pueblo en pueblo. Pero una escuela ambulante donde no hay libros ni matrícula, donde no hay que aprender con lágrimas, donde no se pondrá a nadie de rodillas, donde no se necesita hacer novillos. Porque el Gobierno de la República que nos envía, nos ha dicho que vengamos ante todo a las aldeas, a las más pobres, a las más abandonadas y que vengamos a enseñaros algo, algo de lo que no sabéis por estar siempre tan solos y tan lejos de donde otros lo aprenden y porque nadie, hasta ahora, ha venido a enseñároslo.


     Y al final, el final. El espanto de lo indescriptible, la ruptura de la lógica:



  "Vi enseguida el primer brazo rígido elevado hacia el cielo. Luego descubrí cuerpos abandonados sobre la tierra. Unos con la cara escondida, otros bien visible: boca sin voz, arriba; ojos ciegos, arriba; frente dormida, arriba."


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