... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

23 de noviembre de 2014

Boekhandel Dominicanen. Maastricht.










     "Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca". La frase es de Jorge Luis Borges, y no es desdeñable que llevara razón y que cada ser humano tenga destinado un tipo único y personalísimo de paraíso en función de sus predilecciones en la Tierra. O varios,  no hay motivo para limitar la preferencia a un único escenario perfecto donde pueda uno imaginarse la plenitud de la felicidad. Indudablemente, algunos desconfiamos de aquellos planes que van más allá de lo que es el mundo concreto e intentamos encontrar nuestros propios paraísos aquí y ahora, en nuestra única existencia más o menos constatable como real.

     He tenido la enorme fortuna de poder visitar la ciudad holandesa de Maastricht, y en ella la Boekhandel Selexyz Dominicanen, una librería realmente espectacular, que la guia mundial de viajes Lonlely Planet sitúa como la tercera más hermosa del mundo, la primera en belleza para la versión digital de The Guardian

     ¿Qué tiene de especial esta librería? Sencillamente que se instala en un monasterio dominico del siglo XIII, desacralizado desde finales del XVIII, y que ha sabido conservar sus elementos característicos. Sus vidrieras, los frescos pintados en sus bóvedas o el esmerado cuidado de la luz, crean un escenario sin ningún género de duda único. La zona dedicada al altar ha sido reconvertida en cafetería, con una gran mesa central en forma de cruz. Todo ello genera un marco excepcional en el que se exhiben sus modernas estanterías repletas de libros. Algunos, muy pocos, en castellano.




     Para quienes consideramos la creación literaria como un carácter determinante de la condición humana, tanto en su vertiente más académica de transmisión del conocimiento como en su otra versión más lúdica de narradora de historias, la simbología es evidente. Un templo que en su momento custodió con celo la Palabra de Dios, escrita por el hombre para someter a los hombres prometiendo eternidad a cambio de sumisión, es hoy un recinto sagrado, donde se nos ofrece la Palabra del Hombre, escrita por el hombre para liberar a los hombres, aunque sea a fuerza de enfrentarlos al tamaño de su ignorancia y a la futilidad de su existencia.

     Todavía hay una paradoja más. Resulta significativo que este antiguo monasterio perteneciera a la Orden de Predicadores o dominicos (domini canes, literalmente perros del señor). Esta orden mendicante, no exenta de grandes personajes en la historia del pensamiento como fuera Tomás de Aquino, fue la que recibió la misión de organizar la Inquisición. Los muros que hoy guardan una librería que es, sin duda, una de las joyas de la cultura europea, cobijaron antaño a quienes persiguieron con saña cualquier tipo de disidencia respecto de sus propias creencias. Persiguieron los libros y a quienes los escribieran e incluso a quienes los leyeran. Hoy este templo se levanta como una victoria de la razón sobre la intolerancia, de la libertad y de la grandeza sobre la tiranía que supuso, y que todavía supone en muchas partes del mundo, la corta visión del pensamiento único.









3 comentarios:

  1. Estupenda reseña, estupenda visita. Envidia de la buena, de la sana, de la que nos hace mejores.

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  2. Gracias por tu envidia, Emilio. Me creerás si te digo que estuve varios días sin publicar la entrada porque no encontraba la manera de introducirla, hasta que recordé la frase de Borges, el amante ciego de los libros.
    La visita a la librería era el segundo motivo para ir a Maastricht. El primero era para visitar a un amigo común a quien me consta que aprecias, cosa que te deberé agradecer siempre.
    Saludo.

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