... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

6 de junio de 2015

Mañana, hoy será pasado.



(A L., para que relativice un poco el presente)




    



     No alcanzamos a ver más allá del mañana y lo vemos como el término del tiempo, lo mismo que si fuéramos niños de corta edad, que creen que la momentánea ausencia de la madre es definitiva e irreversible, un abandono en toda regla; que si tienen hambre o sed y no les ponen inmediato remedio las padecerán ya para siempre; que si se hacen un rasguño ese dolor no acabará nunca, ni siquiera adivinan la costra; que si se sienten protegidos y a resguardo eso no sufrirá variaciones durante el resto de su vida, el cual tan sólo conciben de día en día o de hora en hora o de cinco en cinco minutos. No cambiamos mucho, en ese aspecto, cuando somos adultos, ni cuando somos viejos y ese resto se acorta. El pasado no cuenta, es tiempo expirado y negado, es tiempo de error o de ingenuidad e insipiencia y acaba por ser tiempo digno de lástima, lo que lo invalida y envuelve es a la postre esta idea: ´Qué poco sabíamos, qué tontos fuimos, qué inocentes, ignorábamos lo que nos aguardaba y ahora estamos al tanto´. Y en ese saber de ahora somos incapaces de tener en cuenta que mañana sabremos otra cosa distinta y el hoy nos parecerá igual de tonto que el ayer y el anteayer y que el día en que nos arrojaron al mundo, o quizá fue en plena noche bajo esa luna desdeñosa y harta. Vamos de engaño en engaño, y no nos engañamos al respecto, y aun así, a cada instante, el último lo damos por cierto.



Javier Marías. "Asi empieza lo malo."




2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Sin embargo, apunto estuve de abandonarlo. La escritura de Marías es grandiosa, y el libro, como deben de ser los buenos libros, tiene un mensaje que transciende de su propio argumento. Estas palabras que he transcrito son prueba de ello. Pero se aqueja de una prosa y de una forma de escribir que resulta exasperante a veces. Tan lenta, tan repetitiva, que se diría que es uno de esos diseños fractales de la naturaleza, que siempre repiten la misma figura sin que se llegue nunca al final. Y aún así te atrapa y te impide cerrar el libro cada vez que te ves tentado a hacerlo. Un saludo, Emilio. Feliz verano.

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