... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

9 de diciembre de 2015

Días de ventarrón.






Yo, en todo caso, regalé  mis botellas y regresé al tintorro de los buenos viejos tiempos difíciles.

Alfredo Bryce Echenique.
Guía triste de París.


 ¿Cuándo se hicieron de repente tan viejos aquellos tiempos que vivimos tan difíciles y que recordamos tan alegres? Tres cigarrillos Fortuna sueltos comprados en el quiosko de Manolo para toda la tarde. La tragedia si se te rompía uno en el bolsillo de la camisa. El medio tubo de cerveza en el pub Vicente que había que alargar todo lo posible porque no se podía pedir otro. El Bacardi con limón el sábado. Y mucha calle, mucho paseo, mucha acera y el frío, y un bolsillo compartido para dos manos. Y los sueños hiriendo el frío, descansando en la arena que eran ellos mismos, tan lejanos entonces como ahora añorados.

¿Cuándo el ahora se mudó tan complicado? ¡Qué difícil es ver los toros desde la barrera!. ¿Cómo consolar al niño al que una ola destruye su castillo de arena? ¿Cómo explicarle, tan lejano en el tiempo como aquellos viejos tiempos, que para construir su castillo, su morada en el sentido teresiano del término, tiene que contar con la adversidad del mar, del furioso?








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