... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

31 de enero de 2015

Las uvas de la ira. El valor actual de un mensaje.







"Y en los ojos de la gente se reflejaba el fracaso; y en los ojos de los hambrientos hay una ira creciente. En las almas de las personas las uvas de la ira se están llenando y cogen peso, listas para la vendimia."




     A comienzos de la década de los treinta del siglo pasado, la sequía, unida a la gran depresión económica y a la mecanización de la agricultura, generó en Estados Unidos que miles de pequeños agricultores perdieran sus tierras y se vieran obligados a emigrar masivamente hacia el oeste, fundamentalmente a California, seducidos por ofertas de trabajo que no resultarían ser como prometían. Una gran parte de estos emigrantes provenían de Oklahoma. La abreviatura OK de las matrículas de los coches y camiones en que viajaban les dio el despectivo nombre de Okies. 


"Los hombres comían algo que no habían cultivado y no había conexión entre ellos y el pan."


     Aquellos pequeños agricultores eran incapaces de entender que no hubiera un hombre responsable de que perdieran sus tierras, agobiados por las deudas y la sequía. El Banco era el responsable, pero El Banco es un ente abstracto, tenía que haber alguien que tomara las decisiones, alguien a quien poder disparar. Ellos obtenían su alimento de la tierra que ahora les era arrebatada y se veían forzados a una huida en la que no iban a encontrar otra cosa que no fuera miseria, rechazo e incomprensión.


     Las uvas de la ira es un relato tremendo sobre el viaje sin rumbo y sin fin de una familia de "okies". Es un grito contra la explotación laboral y la injusticia social, un completo estudio de las causas y consecuencias de los movimientos migratorios y el rechazo que generan. Pero lo que lo hace estremecedor en realidad es que los hechos que cuenta se continúan produciendo ahora, lo que lo hace absolutamente imprescindible es su rabiosa actualidad.








"... porque un hombre hambriento debe trabajar, y si debe trabajar, si tiene que trabajar, automáticamente se le paga un salario más bajo; y entonces nadie puede ganar más."

     Las relaciones laborales no pueden estar sujetas a las leyes capitalistas de mercado, porque entonces no generan más que pobreza y miseria, y se llega a que con el salario que se obtiene de un trabajo no sea suficiente para vivir. Por eso hay una legislación específicamente laboral. Pero cada vez que se habla de "flexibilizar" el mercado de trabajo para crear empleo en realidad se está hablando de dejar las relaciones laborales al albedrío de la oferta y la demanda, creando una clase obrera cada vez más pobre. El eurosocialismo intentó paliar esta degradación para evitar levantamientos mediante prestaciones sociales, naciendo así el llamado "Estado de bienestar", que viene a suplir la carencia de justicia pero sin resolver el problema de fondo. No era un argumento nuevo:


"La economía en proceso de cambio fue ignorada, al igual que los planes del cambio; y sólo se consideraron los medios para extinguir la revuelta, mientras persistían las causas de la misma."


     Las uvas de la ira es la historia de una derrota. Una derrota contra un sistema incomprensible e injusto. Pero es también un alentador ejercicio de solidaridad. Sólo se puede esperar ayuda de quien no tiene nada, de quien lo ha perdido todo, viene a decir uno de sus personajes en un momento dado. Y es cierto. Después de casi setencientas páginas, el lector quedará confuso con el imprevisible final, anonadado por esta verdad que sobrevive y sobrepasa a todas las doctrinas económicas y a todas las migraciones. Porque la última página del libro describe un acto de piedad que es más antiguo que el hombre mismo y que le hace grande, más grande que cualquiera de sus mezquinas obras.






"Teme el momento en que el hombre deje de sufrir y morir por un concepto, porque esta cualidad es la base de la esencia humana, esta cualidad es el hombre mismo, y lo que le diferencia en el conjunto del universo."