... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

18 de julio de 2015

De razones y ética.


Campo de Retamas. Rafael Sánchez Ferlosio. (A modo de reseña.)


     "Sabía que me habia enamorado de Lolita para siempre; pero también sabía que ella no sería siempre Lolita", piensa en un momento determinado Humbert Humbert. ¿Es acaso el hombre capaz sólo de amar realmente aquello que es efímero?. Más bien creo que en realidad nada hay que no lo sea, que ninguna verdad permanece mas que, acaso, en el recuerdo. El pensamiento de Heráclito es aplicable en ambos sentidos: no entramos en los mismos ríos porque ni ellos ni nosotros somos los mismos.

     La mayor tragedia para el hombre es saber que todo aquello que hoy le resulta fundamental, todo aquello en lo que basa la estructura de su ego, su propia forma de pensar y de percibir el universo, su propia moral, su totalidad, un día se revelará intrascendente y nos parecerá ajena. No hay manera de prolongar el presente más que guardarlo en la memoria, casi nunca sin traicionarlo.  No nos reconocemos en el pasado y sin embargo parecemos ignorar que en el futuro seremos distintos. Dice Sánchez Ferlosio en uno de sus pecios: "Los días felices los pone allí el recuerdo. Por eso son tan tristes".




     Un pecio es un resto de naufragio. El testimonio hundido y oculto de una tragedia, pero también el de quién sabe qué aventuras y qué vivencias. La incertidumbe de las vidas desaparecidas, algunas salvadas y otras perdidas para siempre, todas truncadas en su destino. En Campo de Retamas, Rafael Sánchez Ferlosio reúne una serie de párrafos, en su mayoría breves, inconexos, algunos incompletos. No son sentencias, más bien invitan al lector a realizar un ejercicio de imaginación, una reflexión sin necesidad de fijarle un objetivo determinado. Él los llama pecios.

     Hace unos días, en el trayecto de AVE entre Córdoba y Madrid, uno de estos pecios me hizo más ligero el trayecto:

    "No hay ser más feroz ni más temible que el que tiene razón. Ya Weber señaló la inmoralidad de la intromisión de la moral en la guerra en uno de sus pasajes más conocidos, donde llega a llamar abyecto al uso de la ética como instrumento para tener razón."

     Aunque la frase del politólogo Max Weber hace referencia a la guerra, negando cualquier justificación moral de la misma, es fácil descontextualizarla y jugar con ella como pasatiempo para amenizar un viaje en tren. La ética no dialoga, se impone; no cede, es inamovible por definición. Quien usa la ética como argumento se opone a cualquier argumentación. 

     El recorrido mental tiene ida y vuelta. Quien use el razonamiento sin ningún apoyo ético llegará a conclusiones que, aún razonadas, resulten inaceptables. Por ejemplo, podemos concluir que se deje de gastar dinero público en el tratamiento sanitario de enfermos incurables. El razonamiento puede ser válido técnicamente, pero inadmisible. Sin embargo, no es tan absurdo como parece. Hace unos años en el Reino Unido hubo una propuesta para sacar a los fumadores de la sanidad pública. Y en España recientemente una sentencia del Tribunal Constitucional ha reconocido a un farmacéutico el derecho a negarse a vender la píldora del día después por objeción de conciencia. Además este señor, en uso de su particular ética, se niega también a vender preservativos. Siendo farmacéutico, cabe dar por sentado que no ignora que además de un método anticonceptivo el preservativo se usa para prevenir enfermedades de transmisión sexual.

      Dos días después, en el viaje de vuelta en el mismo tren, un nuevo pecio vino a resolver mi razonamiento, evitándome el naufragio: 

     "Tan egocéntrica y redundante es esta ética, que, del pecado, no conoce ni teme más que la culpa propia, no el daño ajeno".


   




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