... somos el río de Heráclito, quien dijo que el hombre de ayer
no es el hombre de hoy y el de hoy no será el de mañana.
Cambiamos incesantemente y es dable afirmar que cada lectura de un libro,
que cada relectura, cada recuerdo de esa relectura, renuevan el texto.
También el texto es el cambiante río de Heráclito.

Jorge Luis Borges.

21 de noviembre de 2015

Reseña. Cómo ser mujer. Caitlin Moran.




 
   Así es. Sí. Todos estamos muriendo. Nos estamos desintegrando en el vacío, una célula tras otra. Nos estamos deshaciendo como azucarillos en champán. Pero sólo las mujeres tienen que fingir que esto no ocurre. Los hombres cincuentones andan por ahí con la tripa desparramándose por encima del cinturón y una cara como un colchón roto de vagabundo en un paso subterráneo. Les salen pelos de la nariz y arrugas como desfiladeros y sueltan "¡Uff!" cada vez que se levantan o se sientan. Los hombres envejecen visiblemente, cada día, pero las mujeres se supone que deben parar su declive a los treinta y siete o treinta y ocho años, y vivir los siguientes treinta o cuarenta en una burbuja mágica donde el pelo siga brillante y castaño, la cara tersa, los labios rellenos y las tetas por encima de la tercera costilla.


     Posiblemente no es un gran libro. Ni siquiera un buen libro, desde un punto de vista estilístico. Incluso tiene en su desarrollo altibajos que obligan a realizar un esfuerzo para continuar su lectura. Pero su lenguaje es inteligente, directo, incluso soez en ocasiones, y especialmente divertido. Con su humor british, Caitlin Moran consigue crear una atmosfera de complicidad con el lector. Y mi impresion es que, por encima de todo, es un libro muy necesario.

     Es necesario porque viene a dar una explicación racional de lo que es el feminismo desde un punto de vista cotidiano, renunciando a grandes enunciados y a complejas teorías sociológicas. Una adaptación a la realidad, a la normalidad, de un concepto del que casi todo el mundo tenemos una idea equivocada. Y lo hace sin esconderse de ningún tema: sexo, aborto, matrimonio, hijos, moda...  Porque la mujer (o el hombre) feminista no es aquella que quema su sujetador, o que se viste como un leñador, que no se depila, que huye de todo lo que huela a perfume caro y que odia el erotismo. La mujer feminista ni odia a los hombres ni pretende ser como ellos. Como suele suceder con casi todas las cosas cuando se conocen, la realidad es mucho más sencilla: la mujer feminista es aquella que es libre, que no se deja coaccionar por las sutiles e invisibles redes que la sociedad patriarcal tiende a la mitad de la humanidad. Y en Cómo ser mujer lo que realmente se enseña, si es que se enseña algo, es a detectar esas redes tan cínicamente imperceptibles, tan difíciles de ver, aunque literalmente haya que cubrirlas de mierda para conseguirlo:



   Es difícil ver un techo de cristal porque es de cristal. Prácticamente invisible. Lo que necesitamos son más pájaros que vuelen por encima de él, y lo llenen de cagadas para que podamos verlo.